El mundo ya no podrá evitar superar temporalmente el umbral de 1.5 grados Celsius de calentamiento global establecido como referencia en el Acuerdo de París. Así lo advierte el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en su nuevo Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026, publicado el 21 de octubre, que señala la necesidad de reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero un 18 % para 2030 y un 45 % para 2035, respecto de los niveles de 2025.
El documento revela una distancia considerable entre las medidas climáticas que los gobiernos han comprometido y las reducciones necesarias para limitar los daños asociados con el aumento de la temperatura.
Según las proyecciones del organismo, si continúan las políticas actuales, el calentamiento global podría alcanzar aproximadamente 2.8 °C durante este siglo. Incluso si los países cumplen íntegramente sus compromisos climáticos nacionales, la temperatura podría aumentar alrededor de 2.6 °C.
La advertencia llega semanas antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31), prevista para noviembre en Antalya, Turquía, donde los gobiernos deberán abordar las diferencias entre sus compromisos y las medidas necesarias para reducir las emisiones.
El informe no plantea que todos los escenarios sean inevitables. Por el contrario, identifica una posibilidad de limitar el calentamiento máximo a entre 1.7 y 1.8 °C y regresar a 1.5 °C hacia finales de siglo, aunque para ello serían necesarias reducciones rápidas y sostenidas de emisiones, además de retirar grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera.
El mundo se encamina a superar el límite de 1.5 grados
El Acuerdo de París, adoptado en 2015, estableció el objetivo de mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C respecto de los niveles preindustriales y continuar los esfuerzos para limitarlo a 1.5 °C.
Esta última referencia busca reducir los riesgos asociados con fenómenos climáticos extremos, alteraciones en ecosistemas y otros efectos del calentamiento global.
Sin embargo, el PNUMA concluye que las emisiones acumuladas y el ritmo insuficiente de reducción hacen inevitable superar ese umbral, al menos temporalmente.
La conclusión no significa que la temperatura del planeta permanecerá necesariamente por encima de 1.5 °C durante el resto del siglo.
El organismo estudió un escenario en el que el calentamiento alcanza un máximo de entre 1.7 y 1.8 °C alrededor de mediados de siglo y posteriormente disminuye.
Bajo determinadas condiciones, ese escenario ofrecería una probabilidad aproximada del 50 % de regresar a 1.5 °C o menos para el año 2100.
No obstante, lograrlo exigiría una transformación profunda de las actividades que producen gases de efecto invernadero.
También dependería de tecnologías y métodos capaces de retirar dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo de manera duradera, cuya implementación a gran escala presenta dificultades e incertidumbres.
Las emisiones deben caer 18 % para 2030 y 69 % para 2040
El informe establece una trayectoria de reducción de emisiones con tres metas principales, todas calculadas respecto de los niveles registrados en 2025.
Para 2030, las emisiones globales tendrían que disminuir un 18 %.
Para 2035, la reducción necesaria alcanzaría el 45 %.
Y para 2040, el recorte tendría que llegar al 69 %.
Estas cifras representan la trayectoria analizada por el PNUMA para limitar el calentamiento máximo y mantener abierta la posibilidad de regresar a 1.5 °C hacia finales del siglo.
El desafío es considerable porque las emisiones mundiales no han seguido hasta ahora una tendencia de disminución suficientemente rápida.
De acuerdo con el organismo, durante la última década las emisiones globales aumentaron, en promedio, alrededor de 0.8 % anual.
Aunque los niveles de 2025 fueron aproximadamente similares a los de 2024, el PNUMA considera que todavía es demasiado pronto para afirmar que las emisiones mundiales alcanzaron su punto máximo.
Esta diferencia es fundamental: estabilizar las emisiones puede evitar que continúen creciendo, pero no equivale a reducirlas a la velocidad requerida.
Los compromisos actuales de los países resultan insuficientes
Uno de los hallazgos centrales del informe es la diferencia entre los compromisos climáticos anunciados por los gobiernos y las reducciones necesarias para cumplir los objetivos internacionales.
Las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional son los planes mediante los cuales los países establecen sus compromisos de acción climática dentro del Acuerdo de París.
Según el PNUMA, incluso si se implementaran plenamente los compromisos nacionales actuales, las emisiones globales disminuirían solamente entre 5 % y 8 % para 2030, respecto de 2025.
Para 2035, la reducción prevista sería de entre 11 % y 15 %.
Ambos resultados quedarían considerablemente por debajo de las disminuciones de 18 % y 45 % que requiere la trayectoria de calentamiento más limitada analizada por el organismo.
La brecha muestra que no basta con cumplir los compromisos ya presentados: también sería necesario aumentar su alcance.
El informe señala que las nuevas contribuciones nacionales presentadas desde su edición anterior han modificado muy poco las proyecciones generales de calentamiento.
Esto evidencia que los avances en las negociaciones internacionales todavía no se traducen en compromisos colectivos suficientes para alcanzar los objetivos más ambiciosos del Acuerdo de París.
Con las políticas actuales, la temperatura podría aumentar 2.8 °C
El PNUMA presentó distintos escenarios de calentamiento global según el grado de aplicación de las políticas y compromisos internacionales.
Si los gobiernos mantienen sus políticas actuales, la temperatura media mundial podría alcanzar un aumento de aproximadamente 2.8 °C durante este siglo.
Si todos los países cumplen sus compromisos nacionales y mantienen esfuerzos comparables posteriormente, el calentamiento se limitaría a alrededor de 2.6 °C.
En un escenario más favorable, donde también se alcanzaran los objetivos adicionales de emisiones netas cero, el aumento podría situarse cerca de 2.1 °C.
Estas cifras son proyecciones condicionadas a determinadas políticas y trayectorias de emisiones. No representan mediciones actuales de la temperatura ni predicciones inevitables.
Su importancia consiste en mostrar cómo las decisiones de los gobiernos, las empresas y otros actores pueden modificar el calentamiento futuro.
El organismo también explica que las proyecciones actuales son menos favorables que las presentadas en su informe anterior, debido, entre otros factores, a la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y a revisiones de las estimaciones históricas de emisiones.
Las energías renovables avanzan, pero no compensan el crecimiento de las emisiones
El informe reconoce que existen avances importantes en la transición energética.
Desde la adopción del Acuerdo de París, la expansión de la energía solar y eólica ha superado diversas proyecciones iniciales.
El PNUMA destaca especialmente el crecimiento de la generación solar fotovoltaica, cuyo despliegue ha sido mucho más rápido de lo previsto años atrás.
También identifica políticas climáticas que han conseguido reducir emisiones en distintos países y sectores económicos.
Sin embargo, estos avances todavía no son suficientes para modificar la trayectoria global a la velocidad necesaria.
La expansión de las energías renovables convive con una demanda energética elevada y con el uso persistente de carbón, petróleo y gas.
El informe considera que, para acercarse al escenario de menor calentamiento posible, será necesario acelerar la incorporación de electricidad renovable, reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la eficiencia energética.
También señala la importancia de disminuir las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero con una capacidad importante para contribuir al calentamiento atmosférico.
De acuerdo con los parámetros analizados por el organismo, hacia 2035 la capacidad de generación eléctrica renovable tendría que triplicarse y la participación del carbón en el suministro energético debería reducirse en más de la mitad, respecto de los niveles de 2025.
Retirar dióxido de carbono de la atmósfera será parte del desafío
El nuevo informe incorpora una dimensión adicional a la reducción de emisiones: la necesidad de retirar dióxido de carbono que ya se encuentra en la atmósfera.
Para regresar a 1.5 °C o menos hacia finales del siglo, el escenario estudiado por el PNUMA contempla la eliminación y el almacenamiento permanente de aproximadamente 320 gigatoneladas de dióxido de carbono durante el siglo.
Esta cantidad equivale a alrededor de ocho años de emisiones mundiales de dióxido de carbono, tomando como referencia los niveles de 2024.
Las estrategias de eliminación de carbono pueden incluir procesos naturales y tecnológicos, aunque sus costos, capacidades y condiciones de almacenamiento son diferentes.
El organismo advierte que alcanzar una escala tan grande presenta dificultades técnicas, económicas y sociales.
Por ello, la eliminación de carbono no debe entenderse como una alternativa que permita posponer las reducciones de emisiones.
Cuanto más tiempo permanezcan elevadas las emisiones, mayor será la cantidad de dióxido de carbono que tendría que retirarse posteriormente para alcanzar determinados objetivos de temperatura.
El PNUMA estima que cada cinco años adicionales de emisiones de dióxido de carbono a los niveles actuales incrementarían aproximadamente 0.1 °C el calentamiento máximo proyectado.
La COP31 enfrentará una nueva presión para fortalecer los compromisos climáticos
La publicación del informe ocurre antes de la COP31, la conferencia internacional sobre cambio climático que se celebrará en noviembre en Antalya, Turquía.
En este encuentro, los gobiernos tendrán ante sí un diagnóstico actualizado sobre la distancia entre los objetivos climáticos y las medidas actualmente previstas.
El informe del PNUMA no constituye por sí mismo un acuerdo vinculante ni impone automáticamente nuevas obligaciones a los países.
Su función es proporcionar evidencia científica y técnica para orientar las decisiones de política climática.
Las negociaciones deberán considerar diferencias entre las capacidades económicas de los países, sus necesidades energéticas y sus responsabilidades dentro de la respuesta global al cambio climático.
También tendrán que abordar la disponibilidad de financiamiento, tecnología e instrumentos que permitan acelerar la reducción de emisiones.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, señaló que todavía existe la posibilidad de limitar la magnitud y duración del calentamiento por encima de 1.5 °C, siempre que los países actúen con mayor rapidez.
El mensaje central del organismo es que superar temporalmente el umbral no elimina la importancia de seguir reduciendo emisiones.
Cada fracción de grado de calentamiento evitada puede contribuir a disminuir riesgos para las personas y los ecosistemas.
Lectura de fondo
La diferencia entre un planeta que se calienta 1.8 °C y otro que alcanza 2.8 °C dependerá de decisiones que deben tomarse ahora
El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2026 introduce una conclusión difícil para la política climática internacional: mantener el calentamiento global en 1.5 °C sin superar temporalmente ese nivel ya no aparece como una trayectoria alcanzable en las condiciones actuales.
Sin embargo, el documento también evita presentar el futuro climático como un resultado completamente definido.
Las proyecciones muestran escenarios diferentes según las emisiones que el mundo produzca durante las próximas décadas.
Esa distinción es esencial porque permite comprender que el problema no consiste únicamente en alcanzar o superar una cifra determinada.
La magnitud del calentamiento, el tiempo durante el cual permanezcan elevadas las temperaturas y la velocidad de las reducciones de emisiones también influyen en los riesgos.
Un aumento de temperatura más elevado puede intensificar amenazas relacionadas con sequías, precipitaciones extremas, olas de calor y alteraciones de ecosistemas.
Por ello, aunque el umbral de 1.5 °C vaya a superarse, reducir las emisiones continúa siendo necesario para evitar escenarios de mayor calentamiento.
La principal dificultad identificada por el PNUMA es la distancia entre los objetivos y las políticas.
Los gobiernos han presentado compromisos climáticos, pero su aplicación completa todavía dejaría una reducción de emisiones muy inferior a la necesaria.
Esto plantea un problema de ejecución y también de ambición.
No basta con anunciar metas de largo plazo si las decisiones sobre infraestructura, energía, transporte e industria mantienen trayectorias incompatibles con ellas.
El crecimiento de las energías renovables demuestra que las tecnologías y políticas pueden transformar sectores económicos.
No obstante, el informe muestra que esos avances deben extenderse a mayor velocidad y acompañarse de reducciones efectivas en el uso de combustibles fósiles.
También existe un desafío relacionado con el financiamiento.
Los países enfrentan capacidades distintas para modernizar sus sistemas energéticos, adaptar su infraestructura y responder a los impactos climáticos.
Una transición internacional más rápida requerirá mecanismos que permitan avanzar sin ignorar las necesidades de desarrollo y acceso a la energía de distintas poblaciones.
Para México, el diagnóstico tiene implicaciones relevantes.
Como parte del Acuerdo de París, el país participa en los compromisos internacionales de acción climática y enfrenta decisiones relacionadas con generación eléctrica, transporte, industria, protección ambiental y adaptación.
Sin embargo, el informe global no permite determinar por sí solo el cumplimiento de las metas mexicanas. Esa evaluación requiere examinar sus compromisos nacionales, inventarios de emisiones y políticas efectivamente aplicadas.
Otro aspecto delicado es la creciente importancia que adquiere la eliminación de dióxido de carbono.
El escenario de retorno a 1.5 °C depende de retirar cantidades extraordinarias de este gas durante el siglo.
Aunque existen métodos para hacerlo, el propio PNUMA reconoce incertidumbres importantes sobre su capacidad de ampliarse a la escala requerida.
Confiar excesivamente en soluciones futuras podría retrasar medidas disponibles actualmente para reducir las emisiones.
Por eso, la prioridad señalada por el organismo continúa siendo disminuir cuanto antes la cantidad de gases de efecto invernadero que llegan a la atmósfera.
La COP31 tendrá la oportunidad de discutir este diagnóstico, pero el resultado no podrá evaluarse únicamente por las declaraciones que produzca.
Será necesario observar si los gobiernos presentan compromisos más sólidos, si establecen instrumentos para cumplirlos y si las emisiones mundiales comienzan a descender de manera sostenida.
El informe deja una conclusión de fondo: el calentamiento global ya no puede abordarse como un problema distante cuyo resultado se decidirá únicamente a finales de siglo.
Las decisiones de esta década influirán en la temperatura máxima que alcance el planeta y en las posibilidades de reducirla posteriormente.
Superar los 1.5 °C no significa que todos los esfuerzos hayan perdido sentido.
Significa que el margen para limitar los daños se ha estrechado y que cada reducción de emisiones adquiere mayor importancia.

