26 octubre, 2026
Lo Nuevo México y el Mundo

Cómo surgieron los primeros hospitales públicos y cambiaron las ciudades

Imagen – La Medicina Salió Del Hogar Y Construyó La Ciudad

 

Durante gran parte de la historia, enfermar no significaba ir al hospital.

La mayoría de las personas eran atendidas en casa, por familiares, curanderos, médicos que acudían al domicilio o integrantes de comunidades religiosas. Los edificios destinados a recibir enfermos existían, pero durante siglos sus funciones fueron muy distintas de las que hoy asociamos con un hospital.

Algunos ofrecían refugio.

Otros recibían viajeros, pobres, huérfanos o personas sin redes familiares.

Muchos estaban vinculados con instituciones religiosas.

Solo después de una larga transformación el hospital se convirtió en un espacio dedicado principalmente al diagnóstico, tratamiento, cirugía, enseñanza e investigación.

Y cuando eso ocurrió, las ciudades cambiaron con él.

La enfermedad dejó de pertenecer únicamente a la casa.

Comenzó a convertirse también en un problema de infraestructura urbana.

Los hospitales no nacieron de una sola invención

Buscar “el primer hospital” conduce rápidamente a una dificultad.

Todo depende de qué entendamos por hospital.

Diferentes sociedades antiguas desarrollaron espacios para atender enfermos, heridos, viajeros y personas necesitadas. En regiones de Asia, el Mediterráneo y posteriormente el mundo islámico aparecieron instituciones con distintas combinaciones de cuidado, alojamiento y práctica médica.

Pero ninguna institución antigua puede considerarse simplemente una versión temprana del hospital contemporáneo.

El concepto cambió durante siglos.

Lo que hoy parece una institución claramente médica surgió de la combinación de varias funciones que antes podían estar separadas.

Caridad.

Refugio.

Religión.

Administración.

Enseñanza.

Cuidado.

Medicina.

El hospital moderno apareció cuando esas historias comenzaron a reorganizarse.

En el mundo islámico aparecieron instituciones médicas complejas

Durante la Edad Media, distintas ciudades del mundo islámico desarrollaron hospitales conocidos generalmente como bimaristanes.

Bagdad, Damasco y El Cairo estuvieron entre los centros donde funcionaron instituciones de este tipo.

Algunas ofrecían atención a diferentes clases de pacientes y contaban con médicos, espacios especializados y vínculos con la enseñanza.

En determinados casos, el financiamiento mediante fundaciones permitía ofrecer atención sin depender exclusivamente del pago directo de cada paciente.

Esto representaba una idea importante.

La atención podía organizarse institucionalmente.

El enfermo no necesitaba recibir tratamiento únicamente dentro de su hogar.

Podía acudir a un lugar construido para concentrar personas, conocimientos y recursos relacionados con la enfermedad.

En la Europa medieval, hospital significaba algo más amplio

La palabra hospital comparte raíces históricas con términos relacionados con hospitalidad.

Eso ayuda a entender su función original.

Muchos hospitales medievales europeos no eran exclusivamente centros médicos.

Podían recibir pobres.

Peregrinos.

Ancianos.

Huérfanos.

Personas enfermas.

Viajeros que necesitaban alojamiento.

La atención corporal estaba profundamente relacionada con la caridad cristiana.

Monasterios, órdenes religiosas y otras instituciones participaron en la creación y mantenimiento de estos espacios.

El objetivo no era necesariamente curar mediante procedimientos médicos comparables con los actuales.

Cuidar podía significar alimentar, proporcionar una cama, limpiar, acompañar y ofrecer asistencia espiritual.

Durante siglos, hospitalidad y medicina estuvieron entrelazadas.

La ciudad hizo necesaria una respuesta colectiva

Mientras las poblaciones urbanas crecían, también aumentaban algunos problemas.

Muchas personas vivían juntas.

Los contagios podían propagarse con rapidez.

Los accidentes eran frecuentes.

La pobreza concentrada se volvía más visible.

Los viajeros llegaban sin redes familiares.

Los ejércitos y conflictos producían heridos.

Las epidemias podían desbordar los mecanismos domésticos de atención.

La ciudad reunía oportunidades.

También reunía vulnerabilidades.

Poco a poco, atender la enfermedad comenzó a superar la capacidad de familias y comunidades pequeñas.

El cuidado necesitaba instituciones.

Las epidemias obligaron a separar y observar

Antes de comprender los microorganismos, diferentes sociedades ya habían observado que algunas enfermedades parecían transmitirse entre personas.

Esto llevó a desarrollar mecanismos de aislamiento.

Durante las epidemias de peste, distintas ciudades europeas establecieron espacios para separar a determinadas personas o mercancías consideradas potencialmente peligrosas.

Aparecieron lazaretos y sistemas de cuarentena.

No eran hospitales modernos.

Pero introdujeron una idea decisiva para la administración urbana.

La salud de una persona podía afectar a toda la ciudad.

El gobierno del espacio comenzó a formar parte del control de la enfermedad.

Puertos.

Murallas.

Casas.

Hospitales.

Cementerios.

La medicina empezó a mezclarse con la planificación urbana.

En América, los hospitales llegaron con la colonización

Después de la conquista española se establecieron hospitales en diferentes territorios americanos.

En la Ciudad de México, el Hospital de Jesús Nazareno tiene sus orígenes en las primeras décadas del periodo colonial y suele contarse entre las instituciones hospitalarias más antiguas del continente que continúan funcionando.

También surgieron hospitales dirigidos a poblaciones específicas.

Indígenas.

Mujeres.

Personas con determinadas enfermedades.

Miembros de órdenes religiosas.

Pobres.

Estas instituciones formaron parte de un mundo colonial marcado simultáneamente por evangelización, administración, desigualdad social, epidemias y nuevas estructuras políticas.

No eran hospitales públicos en el sentido contemporáneo.

Pero ayudaron a establecer una infraestructura permanente de atención dentro de las ciudades americanas.

Durante mucho tiempo, ir al hospital podía significar ser pobre

Las clases acomodadas podían recibir atención médica en sus propias casas.

El hospital estaba asociado con frecuencia a quienes carecían de recursos, familia o espacio para ser atendidos privadamente.

Esto resulta casi inverso a nuestra idea actual del hospital como lugar donde se concentra la tecnología médica más avanzada.

Durante siglos, muchas intervenciones importantes ocurrían fuera de esas instituciones.

El hospital proporcionaba principalmente cuidado y alojamiento.

Todavía no era necesariamente el centro de la medicina.

Para convertirse en eso tendría que transformarse desde dentro.

La medicina comenzó a necesitar muchos pacientes reunidos

Entre los siglos XVIII y XIX, los hospitales adquirieron una nueva importancia para la enseñanza médica.

Concentrar numerosos pacientes en un mismo lugar permitía observar enfermedades, comparar síntomas y seguir su evolución.

El hospital comenzó a funcionar también como aula.

Los médicos podían examinar cuerpos, registrar casos y relacionar síntomas observados durante la vida con hallazgos realizados después de la muerte.

La medicina clínica comenzó a construir conocimiento sistemático alrededor de la observación.

El paciente individual seguía siendo una persona enferma.

Pero dentro del hospital también se convertía en parte de un conjunto comparable de casos.

La institución empezó a producir conocimiento además de cuidado.

La enfermedad comenzó a clasificarse de otra manera

Cuando muchos pacientes son observados dentro de una misma institución, aparecen patrones.

Fiebres que evolucionan de manera semejante.

Lesiones que producen síntomas parecidos.

Enfermedades que afectan determinados órganos.

Tratamientos que parecen tener resultados diferentes.

La medicina comenzó a organizar cada vez más el conocimiento mediante historias clínicas, estadísticas, autopsias y clasificaciones.

Esto cambió la forma de pensar la enfermedad.

El hospital no era solamente un edificio donde estaban los enfermos.

Era una máquina de observación.

Miles de historias individuales podían transformarse en conocimiento colectivo.

Pero los primeros hospitales también podían ser peligrosos

Reunir enfermos tenía una consecuencia evidente.

También reunía infecciones.

Antes de comprender plenamente la transmisión microbiana, las salas podían concentrar pacientes en condiciones que hoy consideraríamos riesgosas.

Médicos y asistentes podían pasar de una persona a otra sin medidas de higiene adecuadas.

Instrumentos y superficies podían convertirse en vías de transmisión.

Las infecciones posteriores a procedimientos médicos eran un problema enorme.

El hospital resolvía ciertas dificultades.

Y creaba otras.

La institución destinada a cuidar podía convertirse también en un lugar donde una enfermedad encontraba nuevas oportunidades para propagarse.

Lavarse las manos terminó siendo una transformación radical

Durante el siglo XIX, Ignaz Semmelweis observó en Viena diferencias preocupantes en la mortalidad por fiebre puerperal entre distintas áreas de una institución obstétrica.

La introducción de medidas de higiene de manos produjo una disminución importante de las muertes.

Sus interpretaciones surgieron antes de que la teoría microbiana estuviera plenamente establecida y encontraron resistencia.

Con el desarrollo posterior de la microbiología y la comprensión del papel de los microorganismos, la higiene adquirió una nueva base científica.

Algo aparentemente sencillo comenzó a modificar profundamente el hospital.

Limpiar manos.

Instrumentos.

Superficies.

Heridas.

El enemigo ya no era solamente visible.

La antisepsia hizo posible otra clase de cirugía

Durante gran parte de la historia, una operación podía resultar mortal incluso cuando técnicamente había sido exitosa.

La infección posterior era una amenaza constante.

En el siglo XIX, los trabajos asociados con Joseph Lister contribuyeron a introducir prácticas antisépticas en cirugía.

Al mismo tiempo, la anestesia estaba transformando otra limitación fundamental.

El dolor.

Antes, la velocidad del cirujano era crucial porque el paciente permanecía consciente durante muchas operaciones.

La anestesia permitió procedimientos más largos y complejos.

La antisepsia y posteriormente la asepsia redujeron progresivamente algunos riesgos infecciosos.

El hospital comenzó entonces a convertirse en el lugar donde podían realizarse intervenciones imposibles en una casa.

La tecnología empezó a concentrarse dentro del edificio

Durante los siglos XIX y XX, la medicina incorporó herramientas cada vez más complejas.

Laboratorios.

Rayos X.

Quirófanos especializados.

Bancos de sangre.

Sistemas de esterilización.

Equipos de anestesia.

Unidades de cuidados intensivos.

Tecnologías de diagnóstico por imagen.

El hospital adquirió una nueva ventaja.

Podía concentrar recursos demasiado caros o complejos para distribuirlos individualmente por toda la ciudad.

La atención médica comenzó a desplazarse hacia la institución no solamente porque allí había camas.

Allí estaban las máquinas.

La arquitectura tuvo que cambiar

Un hospital moderno necesita mucho más que habitaciones.

Debe separar determinados espacios.

Mover pacientes.

Controlar circulación de personal.

Transportar materiales.

Gestionar residuos.

Mantener agua y energía.

Esterilizar instrumentos.

Ventilar.

Almacenar medicamentos.

Proporcionar alimentos.

Responder a emergencias.

La arquitectura hospitalaria comenzó a diseñarse alrededor de necesidades médicas.

Durante el siglo XIX, algunos modelos enfatizaron pabellones separados y ventilación.

Posteriormente aparecieron grandes edificios verticales capaces de concentrar servicios.

La forma del hospital comenzó a seguir la evolución de la medicina.

La ambulancia extendió el hospital por toda la ciudad

Existe un momento en que la institución deja de esperar al enfermo.

Sale a buscarlo.

Los sistemas de ambulancias transformaron la relación entre emergencia y distancia.

Accidentes laborales.

Choques.

Heridas.

Partos complicados.

Crisis médicas.

Una persona podía recibir asistencia inicial y ser transportada rápidamente hacia un centro especializado.

La ciudad comenzó a organizarse alrededor de tiempos de respuesta.

Calles, tráfico y distancia adquirieron consecuencias médicas.

Un hospital ya no era solamente el edificio.

Era el centro de una red.

El hospital público cambió la idea de quién debía recibir atención

La transformación decisiva ocurrió cuando distintos Estados y administraciones comenzaron a asumir responsabilidades crecientes sobre la salud de poblaciones enteras.

El proceso fue desigual y ocurrió en momentos diferentes según cada país.

Hospitales municipales.

Instituciones de beneficencia.

Sistemas de seguridad social.

Servicios nacionales de salud.

Universidades.

Gobiernos regionales.

Diversos modelos fueron ampliando el acceso institucional a la medicina.

La salud comenzó a formar parte de la infraestructura pública.

Una ciudad moderna no podía pensarse solamente mediante calles, agua potable y drenaje.

También necesitaba lugares capaces de responder cuando sus habitantes enfermaban.

En México, el sistema hospitalario se volvió parte de la construcción institucional

México desarrolló durante los siglos XIX y XX una red hospitalaria cada vez más vinculada con instituciones públicas, beneficencia, enseñanza médica y posteriormente seguridad social.

La creación de grandes instituciones de salud durante el siglo XX amplió la capacidad hospitalaria y la especialización.

Hospitales generales y posteriormente institutos especializados concentraron profesionales, investigación y tratamientos complejos.

La expansión del Instituto Mexicano del Seguro Social y de otras instituciones públicas modificó la relación de millones de personas con la atención médica.

El hospital dejó de ser principalmente un espacio de caridad.

Se convirtió también en parte de sistemas administrativos de gran escala.

La medicina pasó a necesitar presupuestos, redes laborales, planificación territorial y políticas de salud.

Los hospitales crearon barrios a su alrededor

Una gran institución hospitalaria modifica el espacio que ocupa.

Necesita transporte.

Farmacias.

Laboratorios.

Restaurantes.

Hoteles.

Estacionamientos.

Viviendas para trabajadores.

Servicios funerarios.

Proveedores.

Universidades y escuelas médicas pueden instalarse cerca.

Miles de personas entran y salen diariamente.

Un hospital puede convertirse en uno de los principales centros de actividad de una zona urbana.

La infraestructura sanitaria no simplemente responde a la ciudad.

También produce ciudad.

Las ciudades comenzaron a medirse en minutos médicos

Cuando existe una emergencia, la distancia deja de ser únicamente geográfica.

Se convierte en tiempo.

¿Cuánto tarda una ambulancia?

¿Dónde se encuentra el hospital más cercano?

¿Tiene capacidad para atender ese problema?

¿Existe una unidad especializada?

La distribución territorial de los hospitales crea mapas invisibles de acceso.

Dos personas que viven dentro de la misma ciudad pueden estar separadas por diferencias enormes en tiempo de traslado y disponibilidad de atención.

Construir hospitales cambia el territorio.

Decidir dónde colocarlos también distribuye oportunidades.

Una institución puede revelar las desigualdades de toda una ciudad

Los hospitales reciben las consecuencias de problemas que se originan mucho antes de que una persona llegue a urgencias.

Contaminación.

Accidentes viales.

Violencia.

Condiciones laborales.

Enfermedades infecciosas.

Envejecimiento.

Problemas relacionados con vivienda y alimentación.

El hospital se convierte así en un lugar donde diferentes características de una ciudad terminan concentrándose físicamente.

Las salas no contienen solamente enfermedades.

Contienen parte de la estructura social que las rodea.

Por eso la historia hospitalaria nunca ha sido únicamente una historia de médicos.

También es una historia urbana.

La medicina salió del hogar y construyó una red

Hoy pensamos en el hospital como algo evidente.

Una ciudad grande sin hospitales parecería incompleta.

Pero esa normalidad es históricamente reciente.

Durante siglos, la mayor parte del cuidado ocurrió fuera de instituciones médicas especializadas.

Fue necesario desarrollar conocimiento clínico, sistemas de higiene, anestesia, cirugía, laboratorios, administración pública, transporte de emergencia y enormes infraestructuras técnicas.

Cada innovación hizo que el hospital pudiera realizar más tareas.

Y cuanto más podía hacer, más importante se volvía para la ciudad.

El edificio creció porque la medicina creció dentro de él.

Lectura de fondo

La ciudad comenzó a cuidar mediante instituciones

La historia del hospital muestra una transformación profunda en la manera de organizar el cuidado.

Primero, gran parte de la enfermedad pertenecía al espacio doméstico.

La familia cuidaba.

Las comunidades religiosas ofrecían refugio.

La caridad atendía a quienes no tenían otros recursos.

Después, la medicina necesitó lugares donde observar muchos casos.

La cirugía necesitó espacios controlados.

Los laboratorios necesitaron instalaciones.

Las máquinas necesitaron electricidad.

Las emergencias necesitaron ambulancias.

Y millones de personas necesitaron sistemas capaces de financiar y coordinar todo aquello.

El hospital moderno terminó convirtiéndose en una de las construcciones más complejas de la ciudad.

Dentro de él convergen agua, energía, transporte, ciencia, administración, alimentación, tecnología y trabajo humano.

Pero su transformación más profunda quizá no sea arquitectónica.

Es conceptual.

La enfermedad dejó de ser únicamente una desgracia privada que cada familia debía enfrentar con los recursos disponibles.

También comenzó a entenderse como una cuestión que podía organizarse colectivamente.

Por eso la historia de los hospitales públicos no trata solamente de edificios donde se cura a personas.

Trata del momento en que las ciudades comenzaron a construir lugares permanentes para cuidar a desconocidos.