El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó nuevamente la tensión en Medio Oriente al amenazar con bombardear a Omán si el país interviene en los esfuerzos estadounidenses relacionados con Irán y el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas para el comercio energético mundial.
Las declaraciones se producen en un momento particularmente delicado: las conversaciones entre Washington y Teherán permanecen paralizadas, Irán mantiene cerrado el estrecho y este lunes vence el plazo de 60 días establecido en el memorando de paz firmado por ambas partes el pasado 17 de junio.
La advertencia contra Omán introduce además un nuevo elemento de incertidumbre en una crisis que ya involucra negociaciones sobre el programa nuclear iraní, sanciones económicas y conflictos regionales como los de Líbano y Gaza.
Una amenaza directa contra Omán
Trump lanzó la advertencia durante una entrevista con Fox News, en la que sostuvo que Omán no debería interferir en las negociaciones relacionadas con Irán.
No es la primera ocasión en que el mandatario estadounidense amenaza al país árabe. En mayo ya había advertido sobre una posible acción militar contra Omán, aunque aquella declaración no derivó en un ataque.
La nueva amenaza ocurre después de que autoridades iraníes informaran sobre un acuerdo con Mascate para establecer rutas marítimas seguras a través del estrecho de Ormuz, una iniciativa que adquiere especial relevancia debido a la importancia de esta vía para las exportaciones internacionales de hidrocarburos.
Estados Unidos sostiene que controla el estrecho mediante un bloqueo militar desde el reinicio de las hostilidades con Irán, mientras Teherán continúa manteniendo cerrado el paso marítimo.
El estrecho de Ormuz vuelve al centro de la disputa
La situación de Ormuz representa uno de los componentes más sensibles de la confrontación.
Su relevancia trasciende el conflicto entre Estados Unidos e Irán debido al volumen de hidrocarburos que atraviesa esta ruta. Cualquier modificación en las condiciones de navegación puede tener consecuencias que superen las fronteras de los países directamente involucrados.
En este escenario, el entendimiento entre Irán y Omán para establecer rutas marítimas seguras introduce a Mascate en una posición particularmente compleja: mientras mantiene conversaciones con Teherán, enfrenta ahora una amenaza directa del presidente estadounidense.
La posibilidad de que las diferencias diplomáticas deriven en una ampliación del conflicto aumenta la presión sobre los esfuerzos para mantener canales de negociación abiertos.
Trump pide la rendición de Irán mientras el diálogo permanece estancado
La amenaza contra Omán no fue la única declaración de Trump. El presidente estadounidense también pidió al gobierno iraní rendirse y aseguró que existe un canal extraoficial de comunicación con Teherán a través de la Guardia Revolucionaria Islámica.
El Gobierno iraní niega la existencia de ese mecanismo.
Las declaraciones coinciden con el vencimiento del plazo de 60 días contemplado en el memorando de paz firmado entre Washington y Teherán el 17 de junio. Durante ese periodo debían discutirse asuntos como el levantamiento de sanciones contra Irán, su programa nuclear y las situaciones de Líbano y Gaza.
Sin embargo, las negociaciones permanecen paralizadas, aumentando la incertidumbre sobre cuál será el siguiente movimiento de ambos gobiernos.
El historial de amenazas complica la capacidad de presión de Washington
La advertencia contra Omán también adquiere relevancia por los antecedentes recientes de la estrategia estadounidense frente a Irán.
Durante los últimos meses, Trump ha planteado diferentes ultimátums y amenazas de acciones militares que posteriormente no se concretaron. Entre ellas se encuentra una advertencia del 22 de julio, cuando aseguró que Estados Unidos destruiría infraestructura iraní por cada ataque atribuido a Teherán contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz.
Posteriormente se registraron nuevos incidentes contra buques cuya responsabilidad fue atribuida a Irán, pero la represalia anunciada no se produjo.
Esta dinámica plantea una dificultad para Washington: las amenazas pueden perder capacidad de disuasión cuando los países involucrados perciben que existe margen para que los ultimátums expiren sin consecuencias.
Al mismo tiempo, Estados Unidos sí ha demostrado disposición a recurrir a la fuerza militar durante el segundo mandato de Trump, por lo que la posibilidad de una escalada no puede descartarse únicamente a partir de los precedentes.
Omán queda atrapado entre Washington y Teherán
La posición de Omán resulta especialmente delicada porque sus conversaciones con Irán sobre la navegación en Ormuz lo colocan en medio de dos actores enfrentados.
Para Mascate, establecer rutas marítimas seguras puede contribuir a reducir las consecuencias económicas y regionales del cierre del estrecho. Para Washington, cualquier iniciativa que interfiera con su estrategia de presión sobre Teherán puede ser interpretada como un obstáculo.
La amenaza estadounidense introduce así una tensión adicional sobre los esfuerzos diplomáticos en momentos en que las negociaciones principales entre Estados Unidos e Irán no muestran avances.
Lectura de fondo
La credibilidad de las amenazas se convierte en una pieza de la estrategia estadounidense
La advertencia contra Omán plantea una cuestión que va más allá de la posibilidad inmediata de un bombardeo: cuánto peso conservan las amenazas militares de Estados Unidos después de varios ultimátums que no terminaron en las acciones anunciadas.
La disuasión depende en buena medida de la percepción. Una amenaza puede modificar el comportamiento de otro gobierno cuando existe suficiente convencimiento de que incumplir una exigencia tendrá consecuencias. Cuando esa certeza disminuye, también puede reducirse su capacidad para obtener concesiones.
La paradoja es que una pérdida de credibilidad puede generar dos caminos opuestos. Washington podría continuar utilizando amenazas como instrumento de negociación sin llevarlas hasta sus últimas consecuencias, o podría sentirse presionado a demostrar en algún momento que está dispuesto a actuar para recuperar capacidad disuasoria.
En medio queda Omán, cuya participación en las conversaciones sobre el estrecho de Ormuz adquiere ahora una dimensión mucho más riesgosa. Con el diálogo entre Washington y Teherán paralizado y el plazo del memorando de paz agotándose, la siguiente etapa dependerá de si las amenazas vuelven a funcionar como herramienta de presión o terminan acercando a la región a una confrontación todavía mayor.

