31 octubre, 2026
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Jalisco moderniza la Planta Potabilizadora Miravalle con inversión prevista de 5 mil 417 millones de pesos; obras concluirían en 2029

Imagen – Luis Enrique Barboza Niño, Jalisco – Gobierno del Estado

 

La reconversión de la Planta Potabilizadora Número 1 (PP1) Miravalle avanza en el Área Metropolitana de Guadalajara con una inversión total estimada de 5 mil 417 millones de pesos y un programa de obras dividido en tres etapas, cuya conclusión está prevista para enero de 2029.

El proyecto busca mejorar la calidad del agua suministrada a la población mediante tecnologías de tratamiento más avanzadas, capaces de responder a las variaciones en las características del agua que recibe la planta.

De acuerdo con la información difundida por la Comisión Estatal del Agua (CEA) de Jalisco, la infraestructura modernizada tendrá una capacidad de tratamiento de 7 mil 500 litros por segundo, mientras que las obras se ejecutarán de manera gradual para mantener el funcionamiento del sistema y reducir posibles afectaciones al abastecimiento.

La primera etapa ya se encuentra en construcción y representa una inversión de mil 346 millones de pesos. Su entrada en operación está programada para abril de 2027.

Las dos etapas posteriores implicarán la sustitución de unidades existentes y se desarrollarán hasta enero de 2029, conforme al calendario anunciado.

Aunque el proyecto contempla mejoras importantes en la capacidad de potabilización, sus resultados dependerán de la conclusión de las obras, el funcionamiento efectivo de los nuevos procesos y la verificación de la calidad del agua producida.

Una inversión de más de 5 mil millones para modernizar el tratamiento del agua

La reconversión de Miravalle forma parte de los esfuerzos para actualizar la infraestructura de potabilización que abastece al Área Metropolitana de Guadalajara.

La CEA señala que la intervención responde al deterioro y a la creciente variabilidad de la calidad del agua que llega a la planta.

Estas condiciones representan un desafío para los procesos de tratamiento, ya que las características del agua de entrada pueden cambiar y exigir ajustes para mantener una calidad adecuada en el suministro.

El proyecto contempla una inversión total estimada de 5 mil 417 millones de pesos, distribuida entre tres etapas.

La primera corresponde a la construcción de un nuevo sistema de potabilización.

Las dos restantes estarán enfocadas en la reconversión de instalaciones existentes mediante la demolición de determinadas unidades y la construcción de nuevos componentes de tratamiento.

La autoridad estatal presenta esta intervención como una medida para fortalecer la confiabilidad operativa del sistema metropolitano.

Sin embargo, la inversión anunciada corresponde al costo estimado del proyecto completo y no debe interpretarse como un monto totalmente ejercido.

El comunicado tampoco detalla las fuentes de financiamiento, los contratos adjudicados ni el avance financiero acumulado de las obras.

Estos elementos serán relevantes para evaluar posteriormente el cumplimiento presupuestal y los resultados de la inversión.

Primera etapa: un nuevo sistema de tratamiento para abril de 2027

La primera etapa de la reconversión se encuentra actualmente en construcción.

Consiste en incorporar un nuevo tren de potabilización con capacidad para tratar 2 mil litros de agua por segundo.

Su inversión estimada asciende a mil 346 millones de pesos y se prevé que comience a operar en abril de 2027.

Este componente permitirá incorporar capacidad de tratamiento modernizada antes de intervenir otras unidades existentes.

La secuencia resulta importante porque la planta debe continuar funcionando mientras se realizan las obras.

De acuerdo con la CEA, el programa de ejecución busca conservar la capacidad necesaria para tratar un caudal promedio aproximado de 5 mil 500 litros por segundo durante el proceso de reconversión.

La estrategia pretende reducir las afectaciones al suministro, aunque no constituye una garantía de que no puedan presentarse interrupciones o ajustes operativos.

La entrada en funcionamiento del nuevo tren será uno de los primeros momentos en los que podrán evaluarse los resultados de la modernización.

Será necesario comprobar que la instalación alcance su capacidad prevista y que el agua tratada cumpla de manera sostenida los parámetros de calidad correspondientes.

Segunda y tercera etapas: sustitución de unidades hasta enero de 2029

Una vez que entre en operación el nuevo tren de potabilización, comenzará la segunda etapa del proyecto.

Esta fase contempla la reconversión de unidades existentes con una capacidad conjunta de 3 mil litros por segundo.

Su conclusión está programada para marzo de 2028.

Posteriormente, comenzará la tercera etapa, enfocada en las unidades restantes, con capacidad de 2 mil 500 litros por segundo.

La fecha prevista de finalización es enero de 2029.

En conjunto, las tres etapas permitirían alcanzar la capacidad proyectada de 7 mil 500 litros por segundo:

  • Primera etapa: 2 mil litros por segundo, con entrada en operación prevista para abril de 2027.
  • Segunda etapa: 3 mil litros por segundo, con conclusión estimada en marzo de 2028.
  • Tercera etapa: 2 mil 500 litros por segundo, con finalización prevista para enero de 2029.

Las dos últimas fases contemplan una inversión conjunta estimada de 4 mil 71 millones de pesos.

El calendario presentado por la CEA establece una ejecución escalonada, de modo que la reconversión de las unidades existentes avance después de incorporar nueva infraestructura.

Esta organización busca evitar que la modernización reduzca de manera significativa la capacidad de tratamiento disponible durante las obras.

No obstante, el cumplimiento de las fechas dependerá de la ejecución técnica, administrativa y financiera de cada etapa.

Ozono y carbón activado: las tecnologías previstas para mejorar la calidad del agua

Uno de los cambios principales del proyecto será la incorporación de procesos de tratamiento adicionales a los sistemas convencionales de potabilización.

La nueva configuración de Miravalle incluirá una etapa de oxidación mediante ozono y otra de filtración con carbón activado.

Según la CEA, estas tecnologías permitirán mejorar la eliminación de materia orgánica y reducir compuestos relacionados con el color y el olor del agua.

También buscan fortalecer la capacidad de tratamiento frente a contaminantes emergentes.

La oxidación con ozono puede contribuir a transformar determinadas sustancias presentes en el agua y facilitar su tratamiento posterior.

Por su parte, el carbón activado permite retener ciertos compuestos mediante procesos de adsorción, lo que puede ayudar a mejorar características del agua tratada.

Sin embargo, la eficacia de ambos sistemas depende de las sustancias presentes, sus concentraciones y las condiciones de operación.

Por ello, su incorporación no significa que cualquier contaminante pueda eliminarse por completo.

La planta también integrará procesos de ajuste de pH, preoxidación con cloro, coagulación y floculación, sedimentación de alta tasa, filtración mediante arena y zeolita, así como desinfección final.

La combinación de estas etapas busca proporcionar un tratamiento más completo y adaptable a las condiciones del agua de entrada.

La planta recibirá agua del sistema Chapala–Guadalajara

El nuevo proceso de potabilización está diseñado para recibir agua proveniente del acueducto Chapala–Guadalajara y una fracción del Sistema Antiguo de Abastecimiento.

Esta característica es relevante porque el tratamiento debe responder a las condiciones del agua suministrada por las fuentes que alimentan la infraestructura.

La CEA señala que uno de los objetivos de la reconversión es fortalecer la capacidad de respuesta ante la variabilidad de la calidad del agua que llega a Miravalle.

Sin embargo, el documento no presenta resultados específicos de monitoreo, concentraciones de contaminantes ni series históricas que permitan dimensionar el deterioro mencionado.

Tampoco establece que el agua actualmente distribuida por la planta incumpla la normativa sanitaria.

Por tanto, la modernización debe entenderse como un proyecto para mejorar y fortalecer los procesos de tratamiento, sin asumir que exista un incumplimiento generalizado de los estándares vigentes.

La evaluación de la calidad del agua requiere mediciones, análisis de laboratorio y seguimiento de los parámetros establecidos por la regulación aplicable.

El proyecto busca superar los parámetros mínimos de calidad establecidos por la norma

La CEA informó que el nuevo sistema se diseñó con objetivos internos de calidad más estrictos que los límites máximos permisibles establecidos en la NOM-127-SSA1-2021.

Esta norma regula los límites permisibles de calidad del agua para uso y consumo humano.

El propósito de establecer objetivos internos más exigentes es ampliar el margen de seguridad del tratamiento.

En términos operativos, esto significa que la planta buscará mantener determinados parámetros de calidad por debajo de los valores máximos permitidos, cuando corresponda.

Sin embargo, el cumplimiento de esos objetivos tendrá que demostrarse mediante resultados de monitoreo una vez que las nuevas unidades entren en funcionamiento.

El anuncio no incluye las metas numéricas específicas que la CEA pretende alcanzar para cada parámetro.

Esa información permitiría comparar los resultados de la planta antes y después de la reconversión.

También ayudaría a determinar qué mejoras se consiguen efectivamente y cuáles requieren ajustes adicionales.

La reconversión también contempla un nuevo manejo de lodos

La modernización de Miravalle no se limitará a los procesos utilizados para producir agua potable.

El proyecto incorporará un sistema para tratar los lodos generados durante la potabilización.

Estos residuos se producen como resultado de la separación de partículas y otras sustancias presentes en el agua durante las diferentes etapas de tratamiento.

La nueva infraestructura utilizará procesos de espesamiento gravitacional y desaguado mecánico.

El objetivo es reducir el volumen de los residuos y facilitar su manejo y disposición final.

De acuerdo con la información oficial, estas actividades deberán desarrollarse conforme a la NOM-004-SEMARNAT-2002.

El manejo adecuado de los lodos es importante porque la modernización de una planta también debe considerar los residuos que produce.

Una mayor capacidad de tratamiento puede implicar nuevas necesidades de operación, mantenimiento y disposición de materiales.

Por ello, el desempeño ambiental del proyecto dependerá tanto de la calidad del agua producida como del tratamiento que reciban los residuos derivados del proceso.

La CEA plantea una modernización con visión de largo plazo

Luis Enrique Barboza Niño, director general de la Comisión Estatal del Agua de Jalisco, señaló que la reconversión busca responder a los desafíos actuales y futuros del abastecimiento metropolitano.

“La calidad del agua es una prioridad que requiere acciones concretas y una visión de largo plazo”, afirmó el funcionario.

También sostuvo que el proyecto no consiste únicamente en renovar instalaciones, sino en fortalecer la capacidad del sistema para suministrar agua de calidad a las familias del Área Metropolitana de Guadalajara.

La autoridad presenta la intervención como una inversión estratégica en infraestructura hidráulica.

Sin embargo, sus beneficios definitivos deberán evaluarse conforme entren en operación las distintas etapas.

Entre los indicadores relevantes estarán la capacidad efectiva de tratamiento, la continuidad del servicio, los resultados de calidad del agua, los costos de operación y el cumplimiento del presupuesto.

La conclusión de las obras será una condición necesaria, pero no suficiente, para demostrar que se alcanzaron los objetivos anunciados.

Lectura de fondo

Modernizar Miravalle es una inversión importante, pero la mejora del agua deberá comprobarse con resultados medibles

La reconversión de la Planta Potabilizadora Miravalle plantea una intervención de largo plazo en una de las infraestructuras de tratamiento del sistema de abastecimiento del Área Metropolitana de Guadalajara.

La magnitud de la inversión, estimada en 5 mil 417 millones de pesos, refleja la dimensión técnica y financiera del proyecto.

Sin embargo, el valor de una obra hidráulica no debe medirse únicamente por el presupuesto asignado o por la capacidad de tratamiento anunciada.

Su impacto real depende de que la infraestructura funcione conforme a lo previsto y contribuya a mejorar las condiciones del servicio.

La incorporación de ozono y carbón activado representa una actualización de los procesos de potabilización.

Estas tecnologías pueden ampliar las posibilidades de tratamiento frente a determinados compuestos que resultan difíciles de remover mediante métodos convencionales.

No obstante, la eficiencia depende de factores como las características del agua de entrada, el mantenimiento de los equipos, la dosificación de los tratamientos y el control de calidad.

Por ello, será necesario conocer los resultados de las pruebas operativas y de los análisis realizados después de la puesta en marcha.

Un aspecto especialmente relevante es la diferencia entre la capacidad instalada y el volumen de agua efectivamente tratado.

La planta tendrá una capacidad proyectada de 7 mil 500 litros por segundo al finalizar las tres etapas.

Pero esa cifra no significa que necesariamente operará de manera continua a su capacidad máxima.

La producción efectiva dependerá de la disponibilidad de agua, las condiciones de operación, la demanda y otros factores del sistema.

También debe distinguirse entre mejorar la calidad del tratamiento y resolver todos los problemas relacionados con el abastecimiento metropolitano.

La potabilización es una etapa fundamental, pero la calidad del agua que finalmente llega a los hogares también puede depender de las condiciones de almacenamiento y distribución.

El comunicado no ofrece información sobre el estado de las redes de distribución ni sobre las posibles necesidades de intervención en otros componentes del sistema.

Por ello, no sería correcto atribuir a la reconversión de Miravalle la solución integral de cualquier problema de calidad o continuidad del suministro.

El calendario de ejecución constituye otro punto que deberá observarse.

La primera etapa tiene prevista su entrada en operación en abril de 2027, mientras que las siguientes concluirían en marzo de 2028 y enero de 2029.

Esta programación escalonada busca mantener la planta funcionando durante las obras.

Sin embargo, intervenir instalaciones que continúan prestando servicio requiere coordinación técnica y una administración cuidadosa de los riesgos operativos.

El cumplimiento de los plazos deberá evaluarse mediante avances verificables y no solamente con anuncios de fechas.

En materia financiera, también será importante conocer cómo se distribuyen los recursos, qué contratos respaldan las obras y si el costo final se mantiene dentro de la estimación anunciada.

La transparencia presupuestal permitirá distinguir entre inversión programada, recursos comprometidos y montos efectivamente ejercidos.

Asimismo, los costos de operación y mantenimiento deberán considerarse en la evaluación de largo plazo.

Las tecnologías avanzadas pueden requerir insumos, energía, personal especializado y mantenimiento periódico.

Una modernización sostenible necesita asegurar que esos requerimientos puedan atenderse durante toda la vida útil de la infraestructura.

Otro elemento relevante es la comunicación con la ciudadanía.

Si el objetivo principal es fortalecer la calidad del agua, será útil publicar indicadores comprensibles sobre los parámetros de tratamiento y su evolución.

Esto permitiría conocer qué mejoras se obtienen y cómo se relacionan con los estándares sanitarios.

La CEA anunció que el nuevo sistema buscará operar con objetivos internos más estrictos que los límites establecidos por la NOM-127-SSA1-2021.

Ese compromiso puede convertirse en una referencia importante de desempeño, siempre que las metas específicas y sus resultados sean públicos y comparables.

La reconversión de Miravalle representa una apuesta por modernizar la infraestructura hidráulica de Guadalajara.

Su importancia no radica solamente en incorporar nuevos equipos o ampliar la capacidad de tratamiento.

El resultado decisivo será demostrar, mediante datos verificables, que la inversión contribuye a producir agua de calidad de manera continua, eficiente y sostenible.

Para la población, el éxito del proyecto deberá reflejarse en un servicio confiable y en información clara sobre la calidad del agua que recibe.