Estados Unidos e Irán protagonizaron una nueva escalada militar con ataques y represalias contra petroleros y embarcaciones vinculadas con ambos países, en medio de una confrontación que mantiene al estrecho de Ormuz prácticamente cerrado y continúa ejerciendo presión sobre los mercados internacionales de energía.
La nueva ronda de hostilidades se produjo después de aproximadamente un mes de relativa calma. Fuerzas estadounidenses atacaron tres petroleros vinculados con Irán en las inmediaciones de la isla de Jark, el estrecho de Ormuz y el golfo de Omán. Horas después, Teherán aseguró haber respondido contra seis embarcaciones: tres petroleros que, según las autoridades iraníes, transitaban por rutas no autorizadas en Ormuz y otros tres buques vinculados con Estados Unidos.
La confrontación también alcanzó directamente a unidades militares estadounidenses. Irán afirmó haber lanzado misiles balísticos contra un portaaviones y un destructor, mientras el Comando Central de Estados Unidos aseguró que ambas embarcaciones lograron evadir los ataques y que ningún integrante de sus fuerzas resultó herido.
Los acontecimientos vuelven a elevar la tensión alrededor de una ruta por la que, antes del conflicto, transitaba aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado.
Estados Unidos ataca tres petroleros vinculados con Irán
El Comando Central estadounidense informó que sus fuerzas dejaron permanentemente fuera de operación un buque cisterna cerca de la isla de Jark y otro en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, además de destruir completamente una tercera embarcación en el golfo de Omán.
Washington sostiene que los tres petroleros formaban parte de una red clandestina valorada en miles de millones de dólares que contribuía al financiamiento de la Guardia Revolucionaria Islámica y de grupos aliados de Irán en la región.
La ubicación de uno de los ataques resulta particularmente sensible. La isla de Jark alberga la principal terminal de exportación petrolera iraní y alrededor del 90 por ciento del crudo del país pasa por este punto antes de dirigirse hacia los mercados internacionales.
Medios estatales iraníes informaron que no hubo víctimas en el ataque contra el petrolero cercano a la isla. Las tripulaciones de otras dos embarcaciones alcanzadas en el golfo de Omán fueron trasladadas a tierra mediante botes salvavidas; uno de los buques se encontraba vacío y el otro transportaba petróleo.
Irán responde contra embarcaciones y advierte sobre las rutas de navegación
La respuesta iraní ocurrió horas después.
La Guardia Revolucionaria aseguró haber atacado tres petroleros que navegaban por el estrecho de Ormuz mediante rutas consideradas por Teherán como no autorizadas, además de otras tres embarcaciones vinculadas con Estados Unidos en diferentes puntos de la región.
Las autoridades iraníes emitieron además una advertencia para que los buques que navegan en el golfo Pérsico o cerca de Ormuz eviten utilizar vías marítimas que no cuenten con su autorización.
La advertencia profundiza una disputa que ya no se limita a mantener abierto o cerrado el estrecho. Irán busca conservar capacidad para determinar bajo qué condiciones pueden circular las embarcaciones, mientras Estados Unidos ha respaldado una ruta meridional cercana a Omán para recuperar parcialmente el tránsito marítimo.
Misiles iraníes apuntan hacia buques de guerra estadounidenses
La escalada también involucró directamente a embarcaciones militares.
Irán aseguró que su Fuerza Aeroespacial lanzó misiles balísticos contra un portaaviones y un destructor de la Armada estadounidense como parte de su respuesta a las operaciones militares de Washington.
Estados Unidos confirmó que dos de sus buques fueron objetivo de múltiples ataques iraníes, aunque sostuvo que consiguieron evadirlos y que no hubo militares estadounidenses heridos.
El intercambio muestra un nivel de riesgo considerablemente mayor. Los ataques contra infraestructura petrolera tienen consecuencias económicas, pero una ofensiva capaz de alcanzar y causar daños importantes a una embarcación militar podría ampliar rápidamente la confrontación y provocar nuevas represalias.
Ormuz se convierte nuevamente en la principal herramienta de presión iraní
El estrecho de Ormuz ha permanecido prácticamente cerrado desde el inicio de la guerra en febrero y se ha convertido en una de las principales herramientas de presión de Teherán.
Irán sostiene que no renunciará a mantener cierto grado de control sobre esta vía marítima y anteriormente ha atacado embarcaciones que utilizaron una ruta por aguas omaníes para evitar el trayecto preferido por las autoridades iraníes.
Estados Unidos, por su parte, sostiene que Ormuz se encuentra abierto y sus fuerzas han ayudado a diferentes embarcaciones a utilizar la ruta meridional.
Esta diferencia evidencia una disputa fundamental: Washington intenta garantizar la libertad de navegación mientras Teherán busca conservar capacidad para condicionar el tránsito por una ruta situada frente a sus costas.
Seis meses de conflicto y una diplomacia que continúa estancada
Los nuevos ataques se producen cuando el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán alcanza aproximadamente seis meses sin señales claras de una solución diplomática.
Estados Unidos e Israel iniciaron ataques de gran escala contra Irán el 28 de febrero. Teherán respondió posteriormente contra Israel, instalaciones estadounidenses y países aliados en el Golfo, además de cerrar de facto el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo.
Un alto el fuego de 60 días expiró sin que las partes alcanzaran un nuevo acuerdo.
Tras un periodo de relativa calma, Estados Unidos reanudó sus operaciones militares y aseguró haber atacado lanzacohetes que podrían utilizarse para colocar minas navales en Ormuz. Irán respondió posteriormente contra objetivos estadounidenses en distintos puntos de la región.
Pese a la intensidad de los enfrentamientos, el presidente Donald Trump ha evitado definir la situación como una guerra y recientemente calificó los combates como un conflicto militar de menor dimensión.
El petróleo convierte un conflicto regional en un problema global
La importancia de Ormuz explica por qué cada nueva escalada tiene consecuencias que trascienden Medio Oriente.
Antes de la guerra, aproximadamente 20 por ciento del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado atravesaba el estrecho. La reducción del tránsito ha contribuido a elevar los precios internacionales de la energía.
En Estados Unidos, las consecuencias comienzan también a trasladarse directamente hacia los consumidores. El precio promedio del galón de diésel alcanzó los 5.85 dólares, frente a los 3.71 dólares registrados un año antes.
La presión económica adquiere además una dimensión política para Trump ante la proximidad de las elecciones legislativas de noviembre. Una prolongación del conflicto y de las alteraciones energéticas podría incrementar el costo interno de una confrontación que Washington continúa describiendo como limitada.
Lectura de fondo
Ormuz transforma cada ataque militar en una amenaza para la economía mundial
La nueva escalada entre Estados Unidos e Irán muestra por qué el estrecho de Ormuz se ha convertido en una de las piezas centrales del conflicto. El objetivo ya no parece limitarse a destruir embarcaciones enemigas: existe también una disputa por determinar quién puede navegar, por dónde puede hacerlo y quién tiene capacidad para imponer las reglas.
Para Irán, su posición geográfica ofrece una herramienta de presión excepcional. Mantener restringida una ruta por la que circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y gas natural licuado mundial permite trasladar parcialmente el costo de la guerra hacia economías que no participan directamente en ella.
Estados Unidos enfrenta el problema contrario. Garantizar el tránsito marítimo puede reducir las consecuencias económicas del cierre, pero hacerlo mediante escoltas y operaciones militares aumenta la posibilidad de encuentros directos con fuerzas iraníes. Cuantas más embarcaciones militares intervengan para mantener abiertas las rutas, mayor será también el riesgo de que un ataque exitoso provoque una respuesta de mayor escala.
La situación de la isla de Jark añade otro elemento de vulnerabilidad. Al concentrar alrededor del 90 por ciento del petróleo exportado por Irán, cualquier escalada alrededor de esa infraestructura puede elevar considerablemente las consecuencias económicas del enfrentamiento.
Después de seis meses, el conflicto continúa atrapado entre operaciones militares intermitentes y una negociación incapaz de producir un nuevo acuerdo. El mayor riesgo no está únicamente en que continúen los ataques, sino en que uno de ellos produzca suficientes víctimas o daños como para romper el equilibrio actual y transformar una confrontación contenida en una guerra de dimensiones todavía mayores.

