30 abril, 2026
Educación y Ciencia Lo Nuevo

Cómo se forman los volcanes y por qué algunos siguen activos

Imagen – Chimaltenango, Guatemala, Diego Girón, Pexels

 

Los volcanes suelen percibirse como fenómenos excepcionales: montañas que, en ciertos momentos, expulsan lava, ceniza y gases desde el interior de la Tierra. Sin embargo, más que anomalías, son manifestaciones visibles de procesos profundos que ocurren de manera constante bajo la superficie del planeta.

La formación de volcanes está ligada a la dinámica interna de la Tierra, a la manera en que el calor y la materia se desplazan en su interior. Y su actividad —o inactividad— depende de factores que operan a escalas geológicas.

Para entender por qué algunos volcanes siguen activos mientras otros permanecen inactivos, es necesario mirar más allá de la superficie.

Un planeta en movimiento desde el interior

La Tierra no es una estructura rígida e inmóvil.

Bajo la corteza terrestre se encuentra el manto, una capa donde las rocas, aunque sólidas, pueden comportarse de manera plástica a lo largo del tiempo. El calor interno del planeta genera movimientos de convección que desplazan lentamente este material.

Estos movimientos afectan a las placas tectónicas, grandes fragmentos de la corteza que se desplazan sobre el manto.

Cuando estas placas interactúan —al separarse, chocar o deslizarse— se crean condiciones que pueden dar origen a volcanes.

Dónde nacen los volcanes

La mayoría de los volcanes se forman en zonas específicas del planeta.

Uno de los principales escenarios es el de las zonas de subducción, donde una placa tectónica se introduce debajo de otra. En este proceso, parte del material se funde debido a las altas temperaturas y presiones, generando magma que puede ascender hacia la superficie.

Otro entorno común son las dorsales oceánicas, donde las placas se separan. En estos lugares, el magma asciende para rellenar el espacio que se abre, formando nueva corteza.

También existen volcanes en zonas alejadas de los límites de placas, conocidos como puntos calientes. En estos casos, columnas de material caliente ascienden desde el interior profundo del manto, creando volcanes en lugares aparentemente aislados.

Del magma al volcán

El magma es roca fundida que se forma en el interior de la Tierra.

Cuando este material asciende debido a diferencias de presión y densidad, puede acumularse en cámaras subterráneas. Si la presión continúa aumentando, el magma puede encontrar una vía de escape hacia la superficie.

Al salir, se convierte en lava.

Con el tiempo, la acumulación de lava, ceniza y otros materiales forma la estructura del volcán. Cada erupción contribuye a construir o modificar su forma.

Un volcán no es una estructura fija. Es el resultado de múltiples episodios de actividad a lo largo del tiempo.

Por qué algunos volcanes siguen activos

No todos los volcanes se comportan de la misma manera.

Un volcán activo es aquel que ha tenido erupciones recientes o que muestra señales de actividad, como emisiones de gases o movimientos internos de magma.

La actividad depende, en gran medida, de si el volcán sigue conectado a una fuente de magma.

En zonas donde las placas tectónicas continúan interactuando o donde persisten los puntos calientes, el suministro de magma puede mantenerse durante largos periodos.

En cambio, cuando estas condiciones cambian, el volcán puede entrar en un estado de inactividad.

Volcanes dormidos y volcanes extintos

Los volcanes suelen clasificarse en tres grandes categorías: activos, inactivos (o dormidos) y extintos.

Un volcán dormido no ha tenido actividad reciente, pero aún conserva la posibilidad de reactivarse si las condiciones internas lo permiten.

Un volcán extinto, en cambio, se considera desconectado de su fuente de magma. En estos casos, la probabilidad de una nueva erupción es extremadamente baja.

Sin embargo, estas categorías no siempre son definitivas. La actividad volcánica puede cambiar a lo largo del tiempo.

Una expresión de la energía interna del planeta

Los volcanes son una de las formas en que la Tierra libera el calor acumulado en su interior.

Las erupciones pueden parecer eventos destructivos, pero forman parte de procesos que han contribuido a la formación de continentes, la creación de nuevas superficies y la composición de la atmósfera a lo largo de la historia del planeta.

En este sentido, los volcanes no son solo eventos aislados. Son parte de la dinámica continua de un planeta en transformación.

Lectura de fondo

La superficie como reflejo del interior

Los volcanes muestran que la superficie terrestre no es independiente de lo que ocurre en el interior del planeta.

Las montañas, las fallas y las erupciones son manifestaciones visibles de procesos que se desarrollan a gran profundidad y a lo largo de escalas de tiempo que superan la experiencia humana.

Comprender los volcanes implica reconocer que la Tierra es un sistema activo, donde la energía interna se redistribuye constantemente.

Lo que parece un evento puntual —una erupción— es en realidad el resultado de procesos continuos que conectan distintas capas del planeta.

En ese sentido, los volcanes funcionan como una ventana hacia el interior de la Tierra, recordando que el suelo que habitamos forma parte de una estructura dinámica en permanente cambio.