Imagen – Los Relojes Naturales De Los Animales
Un ave puede comenzar a prepararse para migrar cuando todavía parece verano.
Un mamífero puede modificar su pelaje antes de que llegue el frío intenso. Algunos insectos entran en estados de reposo cuando las condiciones aún parecen favorables.
No están prediciendo el futuro como nosotros entendemos una predicción.
Están leyendo señales.
La duración del día, la temperatura, las lluvias, la disponibilidad de alimento y ciertos ritmos internos proporcionan información sobre una transformación que todavía no ha ocurrido por completo.
Para muchos animales, reconocer esas señales puede marcar la diferencia entre estar preparados para el invierno, una sequía o una temporada reproductiva y reaccionar demasiado tarde.
La naturaleza no necesita un calendario escrito.
Tiene otros relojes.
La señal más confiable viene del cielo
La temperatura parece una forma evidente de reconocer las estaciones.
Pero puede resultar engañosa.
Un día excepcionalmente cálido puede aparecer en pleno invierno. Una tormenta puede reducir bruscamente la temperatura durante una época normalmente cálida.
La duración del día, en cambio, sigue un patrón astronómico mucho más regular.
A medida que la Tierra recorre su órbita y debido a la inclinación de su eje, la cantidad de horas de luz cambia a lo largo del año en gran parte del planeta.
Los animales pueden responder a esas variaciones mediante un fenómeno conocido como fotoperiodismo.
No necesitan comprender por qué los días se alargan o acortan.
Sus organismos simplemente detectan el cambio.
Los ojos no sirven solamente para ver
La luz que recibe un animal puede influir en sistemas fisiológicos relacionados con sus ritmos biológicos.
En vertebrados, la información luminosa puede participar en mecanismos neuroendocrinos que regulan procesos estacionales.
Cambios en la duración del día pueden contribuir a modificar la producción de determinadas hormonas y, a través de ellas, alterar comportamiento, reproducción, metabolismo o crecimiento.
Esto permite que el cuerpo comience a prepararse antes de que las condiciones ambientales extremas hayan llegado.
Un animal no espera necesariamente a sentir frío para iniciar todas sus respuestas invernales.
Su fisiología puede haber comenzado a cambiar semanas antes.
El cuerpo está leyendo la luz como información temporal.
Dentro del organismo también existe un calendario
Los seres vivos poseen ritmos biológicos.
Algunos duran aproximadamente un día y participan en ciclos de sueño, actividad, alimentación y producción hormonal. Son los conocidos ritmos circadianos.
Pero existen también ritmos relacionados con periodos más largos.
En diferentes especies se han observado ciclos internos que contribuyen a organizar comportamientos estacionales incluso cuando algunas señales externas son limitadas.
Estos ritmos no funcionan necesariamente como relojes perfectamente independientes.
Las señales ambientales ayudan a sincronizarlos.
El organismo aporta el ritmo.
El ambiente lo ajusta.
Las aves pueden prepararse antes de partir
En numerosas aves migratorias, la llegada de la temporada de viaje está acompañada por cambios fisiológicos y conductuales.
Puede aumentar la actividad.
Algunas especies comienzan a consumir más alimento y acumular reservas de grasa que funcionarán como combustible durante trayectos prolongados.
También pueden aparecer cambios hormonales asociados con la migración.
En condiciones experimentales, ciertas aves migratorias muestran periodos de inquietud durante las épocas en que normalmente comenzarían sus viajes.
Este comportamiento ha sido estudiado especialmente en especies mantenidas bajo condiciones controladas.
La migración, por tanto, no comienza simplemente cuando un ave observa que el clima empeoró.
Parte de la preparación ya estaba ocurriendo dentro de ella.
El frío confirma lo que la luz estaba anunciando
La duración del día puede proporcionar una señal relativamente estable.
Pero no actúa sola.
La temperatura también importa.
Un otoño especialmente cálido o una primavera inusualmente fría pueden modificar el momento de determinadas actividades.
Los animales integran diferentes tipos de información.
Fotoperiodo, temperatura, alimento y condiciones meteorológicas pueden interactuar.
Esto resulta útil porque las estaciones astronómicas son predecibles, pero las condiciones concretas de cada año no lo son completamente.
El día indica aproximadamente dónde estamos en el ciclo anual.
El clima informa sobre lo que está ocurriendo ahora.
La comida también funciona como calendario
Para un animal, una estación no es solamente temperatura.
También significa alimento.
Frutos aparecen y desaparecen.
Las plantas florecen.
Los insectos aumentan o disminuyen.
Las presas cambian su comportamiento.
En muchos ecosistemas, estos acontecimientos siguen patrones estacionales.
Los animales pueden responder directamente a la disponibilidad de recursos o utilizar señales que históricamente han coincidido con ella.
Esto es especialmente importante para la reproducción.
Criar descendencia requiere energía.
Si las crías aparecen cuando existe una gran disponibilidad de alimento, sus probabilidades de sobrevivir pueden aumentar.
La sincronización se vuelve entonces una parte de la estrategia reproductiva.
Algunos animales cambian completamente su aspecto
La aproximación de una estación puede quedar escrita sobre el propio cuerpo.
Diversas especies desarrollan pelajes o plumajes diferentes según la época del año.
En algunos mamíferos de regiones frías, el pelaje invernal puede volverse más denso.
En determinadas especies, además, el color cambia.
La liebre americana y otros animales de ambientes nevados pueden desarrollar pelajes blancos durante parte del año y tonalidades más oscuras en otras estaciones.
Estos cambios no ocurren instantáneamente cuando cae la primera nevada.
Necesitan tiempo.
Por eso las señales anticipadas, especialmente el fotoperiodo en varias especies, permiten iniciar la transformación con anterioridad.
El cuerpo comienza a vestirse para una estación que todavía está llegando.
Otros animales reducen su actividad
Cuando se aproxima una época desfavorable, algunos organismos adoptan estrategias muy diferentes.
En ciertos mamíferos aparece la hibernación o formas relacionadas de reducción metabólica.
Numerosos insectos pueden entrar en diapausa, un estado programado de desarrollo o actividad reducida que les permite atravesar condiciones desfavorables.
El desencadenante varía entre especies.
La duración del día, la temperatura, la disponibilidad de alimento y otros factores ambientales pueden participar.
La lógica general, sin embargo, es semejante.
Esperar a que las condiciones sean insoportables puede ser demasiado tarde.
Prepararse antes ofrece una ventaja.
Para los insectos, esperar puede ser una estrategia
La diapausa resulta especialmente interesante porque no es simplemente una reacción inmediata al frío.
En diferentes insectos puede aparecer en etapas específicas del ciclo de vida: huevo, larva, pupa o adulto.
El desarrollo disminuye o se detiene mientras el organismo atraviesa una temporada desfavorable.
Cuando regresan condiciones adecuadas, el ciclo continúa.
En algunas especies, el fotoperiodo recibido por una generación puede incluso influir en procesos que afectarán a la siguiente etapa o descendencia.
El calendario biológico puede extenderse más allá de un individuo.
Las lluvias pueden importar más que el invierno
Pensar en estaciones suele llevarnos a imaginar primavera, verano, otoño e invierno.
Pero esa división no describe todos los ecosistemas.
En numerosas regiones tropicales, las variaciones más importantes pueden estar relacionadas con temporadas de lluvia y sequía.
Allí, los animales responden a otras señales.
Precipitaciones, humedad, disponibilidad de cuerpos de agua, aparición de vegetación o abundancia de alimento pueden desencadenar movimientos y reproducción.
Algunos anfibios, por ejemplo, aumentan su actividad reproductiva en relación con las lluvias.
Para ellos, la llegada del agua puede ser una señal mucho más importante que una diferencia en la duración del día.
Cada ambiente tiene su propio calendario ecológico.
También pueden leer señales que nosotros apenas percibimos
Los animales no experimentan el entorno exactamente como los humanos.
Algunas especies perciben longitudes de onda que nosotros no vemos.
Otras poseen sentidos del olfato extraordinariamente sensibles o detectan cambios en humedad, presión atmosférica y otros factores ambientales.
Esto significa que un paisaje aparentemente idéntico para nosotros puede estar proporcionando numerosas señales a otro organismo.
No existe una única forma de sentir una estación.
Cada especie obtiene información mediante los sistemas sensoriales que posee y mediante las señales que han resultado relevantes a lo largo de su historia evolutiva.
El ambiente está lleno de información.
Pero cada organismo lee una parte diferente.
La evolución favoreció a quienes acertaban con el momento
Prepararse para una estación demasiado pronto puede tener costos.
Hacerlo demasiado tarde también.
Un animal que inicia una migración en un momento inadecuado puede encontrar condiciones desfavorables durante el trayecto.
Una especie que se reproduce antes de que aparezca suficiente alimento puede enfrentar dificultades para alimentar a sus crías.
Una que entra demasiado pronto en un periodo de inactividad puede desperdiciar semanas todavía favorables.
A lo largo de generaciones, la selección natural puede favorecer mecanismos capaces de responder a señales que históricamente han permitido anticipar cambios ambientales relevantes.
Los animales actuales heredaron sistemas moldeados por esos patrones.
No necesitan conocer las estaciones.
Sus cuerpos evolucionaron dentro de ellas.
Pero el calendario ambiental está cambiando
Aquí aparece un problema contemporáneo.
El fotoperiodo depende fundamentalmente de la relación astronómica entre la Tierra y el Sol.
El clima, en cambio, puede cambiar.
Con el calentamiento global, numerosos acontecimientos estacionales están modificando su calendario en diferentes ecosistemas.
Primaveras más tempranas, cambios en la aparición de insectos, modificaciones en las lluvias o alteraciones en la disponibilidad de alimento pueden producir desajustes.
Una especie que utiliza principalmente la duración del día como señal puede iniciar determinado comportamiento en una fecha parecida a la de generaciones anteriores.
Pero el recurso del que depende podría haber cambiado su propio calendario.
Dos procesos que evolucionaron sincronizados pueden comenzar a separarse.
Una primavera puede llegar en momentos distintos
Este fenómeno ayuda a comprender que una estación no comienza simultáneamente para todos los seres vivos.
Para nosotros, la primavera puede tener una fecha astronómica.
Para una planta puede comenzar con determinadas condiciones de luz y temperatura.
Para un insecto, con el desarrollo adecuado de su organismo.
Para un ave, con señales que activan reproducción o migración.
El ecosistema funciona porque muchos de estos ciclos mantienen relaciones entre sí.
Cuando cambian a velocidades diferentes, pueden aparecer desajustes ecológicos.
La estación del calendario y la estación biológica no siempre son exactamente la misma.
Lectura de fondo
El futuro deja señales antes de llegar
Decir que un animal “sabe” que se acerca el invierno es una manera humana de describir algo mucho más interesante.
No necesita imaginar el futuro.
Su organismo responde a señales presentes que, durante innumerables generaciones, estuvieron relacionadas con lo que ocurriría después.
Un día ligeramente más corto contiene información sobre los meses siguientes.
Una lluvia puede anunciar una temporada reproductiva.
Un cambio de temperatura puede confirmar que ha llegado el momento de modificar el comportamiento.
La evolución convirtió regularidades ambientales en información biológica.
Por eso las estaciones no existen solamente fuera de los animales.
También han dejado huellas dentro de ellos.
Están en ritmos hormonales, migraciones, cambios de pelaje, periodos de reproducción y estados de reposo.
Cada especie lleva una especie de calendario construido a partir de su historia con el ambiente.
Y ese calendario revela una relación delicada.
Los animales pueden anticipar el cambio porque el mundo, durante mucho tiempo, cambió siguiendo ciertos patrones.
Cuando esos patrones se alteran, no solo cambia el clima.
También puede cambiar la utilidad de las señales con las que otros seres vivos aprendieron, evolutivamente, a leer el futuro.

