14 septiembre, 2026
Educación y Ciencia Lo Nuevo

México cae a su peor resultado en matemáticas desde 2006, pero PISA revela que sus estudiantes mantienen las ganas de aprender

 

México enfrenta una nueva señal de alerta sobre la calidad de su educación. Los resultados de PISA 2025 muestran que el país registró su peor puntuación en matemáticas desde 2006 y continúa por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, lectura y ciencias.

Sin embargo, el diagnóstico presenta una aparente contradicción: los estudiantes mexicanos muestran niveles de curiosidad y perseverancia superiores al promedio de los países de la organización y mantienen una valoración positiva de la escuela.

El problema, por tanto, no parece limitarse a una falta de interés por aprender. Los resultados apuntan hacia una dificultad más profunda para transformar esa disposición en conocimientos y habilidades, en un sistema donde persisten carencias de infraestructura y materiales, desigualdades socioeconómicas y nuevas distracciones asociadas con el entorno digital.

En matemáticas, México obtuvo 388 puntos, su peor calificación desde 2006 y apenas tres puntos por encima de la registrada en 2003, cuando participó por primera vez en esta evaluación.

Solo tres de cada 10 estudiantes alcanzan el nivel básico en matemáticas

Los resultados muestran que matemáticas representa uno de los principales desafíos para el sistema educativo mexicano.

PISA establece el nivel 2 como el umbral básico de competencia. Alcanzarlo significa que un estudiante puede interpretar situaciones matemáticas sencillas y determinar cómo representarlas para resolver problemas cotidianos.

En México, solamente 30 por ciento de los estudiantes alcanzó ese nivel o uno superior, frente al 65 por ciento registrado como promedio entre los países de la OCDE. La presencia de alumnos mexicanos en los niveles 5 y 6, correspondientes al desempeño más elevado, fue prácticamente inexistente.

La situación forma parte de un deterioro regional. Ninguno de los 13 países latinoamericanos participantes alcanzó el promedio de la OCDE y ninguno consiguió mejorar sus resultados en matemáticas respecto a 2022. Cinco incluso registraron descensos.

Lectura y ciencias también mantienen una amplia distancia

Las dificultades mexicanas no se concentran exclusivamente en las matemáticas.

En ciencias, solamente 50 por ciento de los estudiantes alcanza al menos el nivel básico de competencia, frente al 74 por ciento promedio de la OCDE.

En lectura, nuevamente uno de cada dos jóvenes mexicanos llega al nivel mínimo, mientras que entre los países de la organización la proporción alcanza 69 por ciento.

Los resultados forman parte de un escenario internacional donde el aprendizaje se ha estancado o deteriorado en numerosos países. América Latina no ha escapado de esa tendencia y continúa rezagada frente a las economías que integran la OCDE.

Los estudiantes mexicanos sí quieren aprender

Uno de los datos más significativos de PISA 2025 aparece cuando se observa no solamente cuánto saben los estudiantes, sino cuál es su actitud frente al aprendizaje.

En México, 80 por ciento asegura sentir curiosidad por muchas cosas, frente al 73 por ciento promedio de la OCDE. Además, 76 por ciento señala que incrementa su esfuerzo cuando una tarea se vuelve difícil, muy por encima del promedio de 60 por ciento registrado en la organización.

La valoración de la escuela también resulta favorable: solamente 11 por ciento de los estudiantes mexicanos considera que asistir a ella ha sido una pérdida de tiempo, frente al 24 por ciento promedio de la OCDE.

Esta combinación modifica parte del diagnóstico. México no enfrenta simplemente a una generación desinteresada en estudiar. Existe una proporción importante de jóvenes con disposición para aprender, pero el sistema educativo no está consiguiendo convertir plenamente esa actitud en mejores resultados académicos.

Infraestructura y materiales continúan limitando la enseñanza

Las condiciones en las que estudian millones de jóvenes aparecen como otro componente del problema.

De acuerdo con PISA 2025, 48 por ciento de los estudiantes mexicanos asiste a escuelas cuyos directores consideran que la falta de materiales educativos dificulta la enseñanza. Entre esas carencias se encuentran libros, equipos tecnológicos, bibliotecas y materiales para laboratorios.

Además, 50 por ciento estudia en planteles donde las deficiencias de infraestructura física representan algún obstáculo para impartir clases. En 2022, esa proporción era de 37 por ciento.

A esto se agrega la conectividad. Uno de los especialistas consultados sobre los resultados señala que solamente 35 por ciento de las escuelas públicas cuenta con una computadora con acceso a internet y advierte también sobre la necesidad de fortalecer la capacitación continua de los docentes.

El desafío educativo aparece así en diferentes niveles: no solamente importa qué se enseña, sino con qué recursos, bajo qué condiciones y con qué herramientas cuentan los profesores para hacerlo.

La desigualdad continúa entrando al salón de clases

El origen socioeconómico sigue teniendo una relación considerable con el desempeño de los estudiantes mexicanos.

Los jóvenes pertenecientes al 25 por ciento con mejores condiciones económicas, sociales y culturales superaron por 68 puntos en ciencias a quienes forman parte del 25 por ciento más desfavorecido.

Aunque esa diferencia es menor a la brecha promedio de 85 puntos registrada dentro de la OCDE, continúa mostrando que las condiciones familiares y sociales pueden influir considerablemente en las oportunidades de aprendizaje.

Existe, sin embargo, un dato que muestra que esas desventajas no son necesariamente determinantes: 12 por ciento de los estudiantes mexicanos provenientes de los sectores socioeconómicos menos favorecidos consiguió ubicarse entre el 25 por ciento con mejores resultados en ciencias dentro del propio país.

La brecha de género se amplía en ciencias y matemáticas

Los resultados también muestran diferencias entre estudiantes hombres y mujeres.

México aparece entre los países donde la proporción de niñas que no alcanza el nivel básico de competencia en ciencias supera a la de los niños por un margen de entre seis y diez puntos porcentuales.

En matemáticas, los hombres obtuvieron 16 puntos más que las mujeres. La relación se invierte en lectura, donde las estudiantes alcanzaron 414 puntos frente a 402 de los hombres.

Estas diferencias añaden otro desafío para las políticas educativas, particularmente frente al objetivo de ampliar la participación de las mujeres en áreas científicas, tecnológicas y de ingeniería.

Pantallas e inteligencia artificial plantean un nuevo problema educativo

PISA 2025 incorpora además un elemento que comienza a transformar rápidamente la experiencia dentro y fuera de las aulas: el uso de dispositivos digitales y herramientas de inteligencia artificial.

En México, 37 por ciento de los estudiantes reporta que sus compañeros se distraen con dispositivos electrónicos durante la mayoría o la totalidad de las clases de ciencias. El promedio entre los países de la OCDE es de 28 por ciento.

A nivel internacional, los resultados también muestran una asociación entre determinados usos de inteligencia artificial para tareas escolares —como resumir, redactar o investigar— y puntuaciones inferiores en ciencias frente a quienes no la utilizan de esa manera. Sin embargo, los propios especialistas advierten que los datos todavía no permiten establecer una respuesta definitiva sobre cómo debe incorporarse esta tecnología al aprendizaje.

El analista jefe de PISA distingue además entre herramientas diseñadas específicamente para enseñar y los chatbots de uso general. El riesgo de estos últimos aparece cuando sustituyen el proceso que exige al estudiante resolver, interpretar y construir una respuesta por sí mismo. La recomendación planteada es capacitar a docentes y escuelas para utilizarlos de manera que apoyen el aprendizaje en lugar de reemplazar el esfuerzo necesario para producirlo.

Leer menos fuera de la escuela también puede estar pasando factura

Los cambios tecnológicos no afectan únicamente la manera de realizar tareas.

El análisis de PISA identifica una relación entre la expansión del uso de teléfonos móviles y el deterioro de determinadas competencias lectoras. Aunque se advierte que se trata de una correlación y no de una causalidad demostrada, el fenómeno aparece simultáneamente en numerosos países.

La reducción afecta especialmente habilidades necesarias para leer textos extensos fuera de las pantallas. Los análisis también muestran que quienes presentan mejores capacidades de lectura digital suelen ser estudiantes que continúan leyendo libros impresos.

La aparición de herramientas que entregan respuestas inmediatas plantea un desafío adicional: habilidades como buscar información, contrastar diferentes fuentes e identificar cuál resulta más confiable pueden debilitarse si dejan de practicarse regularmente.

Más estudiantes permanecen dentro del sistema educativo

No todos los indicadores presentan retrocesos.

PISA reconoce que México forma parte de los países latinoamericanos que han conseguido ampliar la cobertura de educación secundaria sin registrar una caída drástica del rendimiento asociada directamente con la incorporación de más jóvenes al sistema.

Esto significa que una mayor cantidad de estudiantes que anteriormente podían permanecer fuera de la educación ahora están siendo incorporados, incluyendo jóvenes con importantes rezagos académicos previos.

El avance en cobertura, sin embargo, plantea una segunda etapa inevitable: garantizar que permanecer dentro del sistema educativo se traduzca también en aprendizajes suficientes.

Lectura de fondo

México no enfrenta una generación sin interés, sino un sistema que no consigue aprovecharlo

Los resultados de PISA pueden conducir fácilmente a una conclusión pesimista sobre los estudiantes mexicanos. Los datos, sin embargo, muestran una realidad bastante más compleja.

Los jóvenes presentan bajos niveles de competencia en matemáticas, lectura y ciencias, pero al mismo tiempo reportan curiosidad, perseverancia y una valoración de la escuela superiores a las observadas en numerosos países desarrollados.

Esa contradicción posiblemente sea uno de los hallazgos más importantes para México. Si una parte considerable de los estudiantes quiere aprender y está dispuesta a esforzarse, el desafío consiste en preguntarse qué ocurre entre esa disposición y los conocimientos que finalmente consiguen desarrollar.

Las carencias materiales ofrecen parte de la explicación. También aparecen la infraestructura, la preparación docente, las desigualdades socioeconómicas y un entorno tecnológico que está modificando rápidamente la forma de leer, investigar y resolver problemas.

La inteligencia artificial agrega una nueva urgencia. Prohibirla o incorporarla indiscriminadamente serían respuestas demasiado simples para un fenómeno sobre el que todavía existe evidencia limitada. El desafío estará en utilizarla sin eliminar precisamente aquello que permite aprender: pensar, equivocarse, comparar, argumentar y resolver.

PISA 2025 deja entonces una advertencia, pero también un punto de partida. México no necesita convencer desde cero a sus estudiantes de que aprender vale la pena. Muchos de ellos ya lo creen. El pendiente es construir las condiciones educativas capaces de convertir esa voluntad en habilidades que permanezcan mucho después de abandonar el salón de clases.