12 marzo, 2026
Lo Nuevo México y el Mundo

Guerra en Medio Oriente dispara el petróleo y plantea efectos inciertos para México

Imagen – Pemex, Carlos Jairo, Pexels

 

El conflicto armado entre Israel, Estados Unidos e Irán continúa generando repercusiones más allá de Medio Oriente, particularmente en los mercados energéticos globales. A diez días del inicio de los ataques, el precio internacional del petróleo se ha acercado a los 120 dólares por barril, impulsado por la interrupción del tránsito energético en una de las rutas más estratégicas del mundo: el estrecho de Ormuz.

Esta vía marítima es uno de los principales corredores para el comercio global de crudo. Su bloqueo parcial ha paralizado parte de la producción petrolera regional, generando preocupación en los mercados internacionales y elevando la volatilidad de los precios de la energía.

Un impacto global en el mercado energético

El aumento del precio del petróleo ha encendido alertas sobre posibles consecuencias económicas a nivel mundial. Analistas del sector energético advierten que mientras más prolongado sea el conflicto, mayores podrían ser las repercusiones sobre la estabilidad de los mercados energéticos y la economía global.

La situación ha llevado a instituciones internacionales a considerar medidas de emergencia para evitar una crisis energética similar a la registrada en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania. Entre las opciones que se discuten se encuentra la liberación de reservas estratégicas de petróleo para estabilizar los precios y garantizar el suministro.

México ante un escenario complejo

Aunque México es un país productor de petróleo, especialistas señalan que el conflicto no tendría un impacto directo en el volumen de producción nacional. La extracción de crudo del país se mantiene limitada por factores estructurales, por lo que no puede ajustarse rápidamente para responder a cambios en los precios internacionales.

En ese contexto, la producción de Petróleos Mexicanos no aumentaría ni disminuiría en función de la guerra. Además, expertos señalan que tanto la producción como las exportaciones de la empresa estatal se encuentran en niveles históricamente bajos.

Sin embargo, el aumento del precio del petróleo sí puede traducirse en mayores ingresos para la empresa petrolera y para las finanzas públicas, al menos en el corto plazo.

El dilema de los precios de los combustibles

El beneficio potencial para las finanzas públicas podría verse neutralizado por la política de control de precios de los combustibles en el país. El gobierno mantiene un acuerdo con empresarios gasolineros para evitar que el precio de la gasolina supere ciertos niveles, lo que podría obligar a aplicar subsidios o reducir impuestos si el petróleo continúa encareciéndose.

Un escenario similar ocurrió durante la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania. En ese momento, el incremento en los ingresos petroleros fue compensado por el gasto destinado a subsidiar los combustibles, lo que prácticamente anuló el beneficio fiscal neto.

Esto significa que el encarecimiento del petróleo puede generar ingresos adicionales, pero también presiones presupuestarias si el gobierno busca mantener estables los precios internos.

Un mercado petrolero en transformación

Especialistas también advierten que el mercado petrolero internacional está atravesando una etapa de reconfiguración, marcada por nuevas dinámicas geopolíticas y por la competencia entre grandes productores.

En este nuevo contexto, México enfrenta el reto de mantener relevancia dentro de un mercado dominado por países con mayor capacidad de producción y flexibilidad para ajustar su oferta frente a cambios en los precios.

La evolución del conflicto en Medio Oriente será un factor clave para definir el rumbo del mercado energético en los próximos meses.

Lectura de fondo
El petróleo vuelve al centro de la geopolítica global

Las crisis en Medio Oriente han demostrado históricamente que el petróleo sigue siendo uno de los recursos más sensibles para la economía mundial. Cuando un conflicto amenaza rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, las repercusiones se expanden rápidamente a mercados financieros, cadenas de suministro y decisiones políticas en múltiples países.

En el caso de México, el efecto de un petróleo más caro es ambiguo. Por un lado, puede generar mayores ingresos para el Estado; por otro, puede presionar las finanzas públicas si se mantienen políticas de subsidio a los combustibles. Este equilibrio refleja una realidad más amplia: en un mercado energético cada vez más competitivo y en transformación, los beneficios de los precios altos del crudo no siempre se traducen automáticamente en ventajas económicas duraderas para los países productores.