Imagen – Grito de Independencia, Samuel García, Gobierno de Nuevo León
Más de 60 mil personas participaron en la Macrofiesta Mexicana realizada en el centro de Monterrey para conmemorar el 216 aniversario del inicio de la Independencia de México, en una jornada que combinó el tradicional Grito, música regional y espectáculos folclóricos.
El gobernador Samuel García encabezó por quinta ocasión la ceremonia del Grito de Independencia y, por primera vez durante su administración, realizó el acto protocolario desde el balcón del Palacio de Gobierno, acompañado por su familia y miembros del gabinete estatal.
La celebración tuvo como escenario principal la Explanada de los Héroes y la Macroplaza, donde desde horas antes del acto cívico comenzaron las presentaciones musicales y culturales programadas para las fiestas patrias.
Samuel García encabeza su quinto Grito de Independencia
Durante la ceremonia, el mandatario estatal recibió la Bandera Nacional y posteriormente hizo sonar la campana desde el balcón del Palacio de Gobierno.
En sus arengas recordó a figuras históricas de la Independencia como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Juan Aldama y Vicente Guerrero.
La ceremonia incorporó también referencias a la identidad de Nuevo León. García incluyó expresiones dedicadas a los habitantes del estado, al espíritu norteño, a Monterrey y a Nuevo León antes de concluir con los tradicionales llamados a celebrar a México.
El gobernador aprovechó además su mensaje para expresar orgullo por la entidad y calificar a Nuevo León como el mejor estado del país.
La música norteña toma la Macroplaza después del Grito
Una vez concluido el acto protocolario, la celebración continuó con uno de los principales atractivos de la noche: la presentación de El Palomazo Norteño.
Lalo Mora, Eliseo Robles, Rosendo Cantú y Raúl Hernández, conocido como “El Tigre”, encabezaron el espectáculo y comenzaron su presentación con “El Corrido de Monterrey”.
El repertorio continuó con diferentes canciones representativas de sus trayectorias, entre ellas “Prenda Querida”, “Que Me Lleva El Diablo” y “Cariño Dónde Andarás”, llevando la celebración patria hacia una segunda etapa marcada por la música característica del norte del país.
La elección de artistas convirtió a la identidad musical regional en una de las protagonistas de la noche, combinando una conmemoración nacional con expresiones culturales estrechamente vinculadas con Nuevo León.
Una celebración que comenzó desde horas antes
Las actividades no se limitaron al momento del Grito ni al concierto principal.
Desde temprana hora comenzaron a reunirse asistentes en la zona de la Macroplaza para participar en una programación que incluyó la presentación del Ballet Folklórico Fandangos de México, además de las agrupaciones El Norteñazo y Volver a la Cumbia.
La programación oficial había comenzado desde las 18:00 horas y fue planteada como una celebración gratuita dirigida a las familias.
De esta manera, el evento combinó diferentes expresiones musicales y culturales antes de concentrar la atención en la ceremonia cívica y posteriormente en el espectáculo norteño.
La Macroplaza vuelve a funcionar como punto de encuentro colectivo
La concentración de más de 60 mil asistentes volvió a colocar a la Macroplaza y su entorno como uno de los principales espacios de reunión pública de Nuevo León.
La dimensión de estos festejos va más allá del espectáculo musical. Las fiestas patrias representan uno de los momentos del calendario en que los espacios públicos adquieren un carácter colectivo particularmente visible, reuniendo a personas de distintas edades alrededor de símbolos, música y tradiciones compartidas.
En Nuevo León, esa celebración incorporó además elementos de identidad regional. La música norteña, las referencias a Monterrey y al estado durante la ceremonia y la participación de agrupaciones locales permitieron combinar la conmemoración de un acontecimiento nacional con expresiones culturales propias de la entidad.
Del protocolo a una fiesta con identidad nuevoleonesa
El Grito de Independencia conserva una estructura ceremonial que se reproduce cada septiembre en distintas ciudades del país, pero cada entidad incorpora también elementos propios a la celebración.
En Nuevo León, la edición de 2026 estuvo marcada precisamente por esa combinación.
El protocolo desde Palacio de Gobierno mantuvo el componente cívico de la fecha, mientras que la programación artística trasladó la celebración hacia géneros y figuras vinculadas con la cultura musical del norte de México.
El resultado fue una jornada en la que la identidad nacional y la regional convivieron dentro del mismo espacio público: primero mediante el recuerdo de quienes participaron en la lucha independentista y después a través de una fiesta construida alrededor de expresiones culturales reconocibles para buena parte de los asistentes.
Lectura de fondo
Las fiestas patrias también funcionan como espacios para construir identidad colectiva
El Grito de Independencia es uno de los pocos acontecimientos que cada año ocurre prácticamente de manera simultánea en plazas públicas de todo México. Aunque la ceremonia conserva símbolos y elementos comunes, la forma de celebrarla también permite observar las identidades particulares de cada región.
La Macrofiesta Mexicana de Nuevo León mostró precisamente esa combinación. El acto cívico recordó a las figuras históricas de la Independencia, mientras que la música, las arengas regionales y la programación cultural incorporaron elementos directamente asociados con la identidad nuevoleonesa.
La presencia de más de 60 mil personas también confirma la capacidad que mantienen este tipo de celebraciones para convocar alrededor del espacio público. En una época donde buena parte de la convivencia y del entretenimiento ocurre de manera individual o mediante pantallas, una concentración de esta dimensión conserva un significado particular: miles de personas compartiendo físicamente una misma celebración.
Existe además una responsabilidad asociada con este tipo de eventos. Su valor público no depende únicamente de la cantidad de asistentes o de los artistas contratados, sino de mantener espacios accesibles, organizados y capaces de preservar el componente histórico y cultural que da sentido a la conmemoración.
En Nuevo León, la noche del 15 de septiembre volvió a mostrar que la identidad nacional no necesariamente sustituye a la regional. Ambas pueden coexistir: celebrar la historia compartida de México y, al mismo tiempo, hacerlo con los sonidos, referencias y expresiones culturales propias del norte del país.

