24 septiembre, 2026
Lo Nuevo Medio Ambiente

El Niño se fortalece rumbo a un posible episodio histórico: México se prepara para cambios en lluvias, frentes fríos y un invierno más húmedo

Imagen – El Niño Reorganiza El Clima Del Pacífico

 

El fenómeno de El Niño continúa intensificándose en el océano Pacífico y las previsiones más recientes apuntan a un episodio excepcional durante los últimos meses de 2026, con capacidad para alterar los patrones de lluvia, temperatura y circulación atmosférica en distintas regiones del planeta hasta entrado 2027.

La actualización del 10 de septiembre del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos establece una probabilidad superior al 90 por ciento de que El Niño alcance una intensidad “muy fuerte” durante el otoño e invierno 2026-2027. Más significativo todavía: para el trimestre octubre-diciembre existe una probabilidad de 75 por ciento de alcanzar una intensidad que superaría los episodios registrados desde 1950 bajo el índice utilizado actualmente por esa institución.

La Organización Meteorológica Mundial coincide en que el fenómeno seguirá fortaleciéndose y considera prácticamente segura su persistencia hasta febrero de 2027. Las temperaturas excepcionalmente elevadas del Pacífico tropical son uno de los factores detrás de esta rápida intensificación.

En México, las consecuencias no significan simplemente “más calor” o “menos lluvia”. El Niño modifica la circulación atmosférica y sus efectos cambian dependiendo de la región y la época del año. Para los próximos meses, el Servicio Meteorológico Nacional anticipa una transición hacia condiciones que podrían favorecer más humedad en partes del norte y centro del país, una mayor interacción con frentes fríos y modificaciones importantes en la distribución de las precipitaciones.

El Pacífico presenta un calentamiento extraordinario

El Niño forma parte de un ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Su fase cálida aparece cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores a las normales y ese calentamiento comienza a interactuar con la atmósfera.

Durante agosto, la anomalía en la región Niño 3.4 alcanzó +1.8 grados Celsius, mientras que en la región Niño 1+2 llegó a +3.4 grados. En algunas zonas del Pacífico ecuatorial oriental, las anomalías superficiales superaron los tres grados Celsius.

No se trata solamente de agua caliente en la superficie. Las observaciones muestran temperaturas considerablemente superiores a las normales también debajo de ella, al mismo tiempo que se registran cambios en los vientos y en la distribución de las lluvias tropicales.

Esa combinación entre océano y atmósfera es precisamente la que confirma que El Niño se encuentra plenamente establecido y fortaleciéndose.

Los modelos de la Organización Meteorológica Mundial proyectan que la anomalía promedio de temperatura en la región Niño 3.4 podría alcanzar aproximadamente 3.6 grados Celsius durante el periodo septiembre-noviembre, con una trayectoria de intensificación que alcanzaría su máximo alrededor de noviembre y diciembre.

La posibilidad de un El Niño excepcional aumenta

La intensidad definitiva todavía debe observarse durante los próximos meses, por lo que resulta importante distinguir entre una previsión y un resultado ya confirmado.

Sin embargo, los modelos disponibles han elevado considerablemente la probabilidad de un episodio extraordinario.

El pronóstico estadounidense establece una probabilidad mayor al 90 por ciento de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal. Además, estima en 75 por ciento la posibilidad de que durante octubre-diciembre el indicador utilizado para medir el fenómeno supere el umbral asociado con un episodio histórico frente a los registros disponibles desde 1950.

La OMM señala, por su parte, que El Niño probablemente alcanzará su máxima intensidad hacia finales de 2026 y que sus consecuencias climáticas podrían prolongarse durante 2027.

Esto no significa que todos los países sufrirán fenómenos extremos ni que puedan anticiparse desde ahora lluvias o sequías específicas en cada ciudad. La propia OMM advierte que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la gravedad de sus efectos regionales, pues intervienen otros factores oceánicos y atmosféricos.

México ya atravesó un verano marcado por cambios en las lluvias

En México, la evolución de El Niño comenzó a incorporarse desde meses atrás a las previsiones meteorológicas.

Durante el primer semestre de 2026, el país acumuló 7.9 por ciento más precipitación que el promedio climatológico 1991-2020 y junio fue el decimonoveno junio más húmedo registrado desde 1941.

Posteriormente apareció una reducción de las precipitaciones. Entre el 1 y el 15 de julio se registró 8.7 por ciento menos lluvia respecto al promedio y regiones del noreste, oriente y costas del Pacífico sur comenzaron a presentar el patrón de disminución de precipitaciones asociado con la canícula.

El SMN había advertido que el desarrollo de El Niño podía favorecer lluvias cercanas o inferiores a la climatología en diferentes zonas durante parte del verano y extender la señal de la canícula en determinadas regiones.

Sin embargo, atribuir individualmente cada sequía, tormenta u ola de calor registrada durante 2026 exclusivamente a El Niño sería una simplificación. El fenómeno modifica probabilidades y patrones a gran escala, pero cada evento meteorológico depende de múltiples condiciones.

Septiembre todavía tendría lluvias por debajo del promedio

La previsión más reciente del Servicio Meteorológico Nacional señala que durante septiembre El Niño favorecería precipitaciones inferiores al promedio climatológico en México.

La situación podría cambiar conforme avance el otoño. Para octubre se esperan lluvias normales o superiores al promedio; en noviembre aumentarían las probabilidades de precipitaciones por encima de la media en el centro-norte y noreste del país.

Para diciembre, la señal húmeda se desplazaría principalmente hacia el noroeste, mientras que el occidente y sur podrían presentar precipitaciones inferiores a la media.

Este comportamiento ayuda a explicar una característica fundamental de El Niño: sus efectos pueden cambiar radicalmente entre estaciones e incluso producir condiciones opuestas dentro de un mismo país.

El invierno mexicano podría ser más húmedo en algunas regiones

Una de las consecuencias más relevantes para México podría aparecer durante los próximos meses.

El Servicio Meteorológico Nacional pronostica 56 frentes fríos durante la temporada 2026-2027, frente a un promedio climatológico de 50.

De noviembre a febrero se concentrarían alrededor de 32 sistemas, más de la mitad de todos los previstos para la temporada. El fortalecimiento de El Niño podría favorecer el desplazamiento de masas de aire hacia el norte y centro del territorio mexicano y aumentar la probabilidad de condiciones húmedas.

La combinación entre aire frío y abundante humedad también puede favorecer tormentas invernales, principalmente sobre el norte y noroeste.

En las costas del Golfo de México existe otro factor que deberá vigilarse: un posible incremento de eventos de Norte, capaces de producir viento intenso, oleaje elevado y precipitaciones.

El Niño también modifica la temporada de ciclones

La influencia del fenómeno se extiende a los océanos que rodean México.

Desde antes de que El Niño quedara establecido, el SMN anticipaba para 2026 una actividad ciclónica superior al promedio en el Pacífico y cercana o inferior a lo normal en el Atlántico, un comportamiento consistente con el desarrollo del fenómeno.

El final de septiembre tampoco significa que el peligro ciclónico haya terminado.

Durante la transición entre verano y otoño todavía pueden desarrollarse ciclones tropicales y, particularmente en el Golfo de México, existe la posibilidad de interacción con las masas de aire asociadas a los primeros sistemas frontales. Estas interacciones pueden modificar trayectorias o favorecer que determinados sistemas permanezcan durante más tiempo sobre una región.

Por ello, un El Niño fuerte no elimina el riesgo de ciclones para México: modifica las condiciones que favorecen su formación y distribución.

Sequías e inundaciones pueden coexistir bajo el mismo fenómeno

A escala mundial, El Niño está asociado con una reorganización de las lluvias que puede producir consecuencias completamente diferentes entre regiones.

La Organización Meteorológica Mundial advierte sobre un aumento del riesgo de inundaciones, sequías y calor extremo conforme el episodio continúe fortaleciéndose. Para septiembre-noviembre, sus modelos anticipan temperaturas superiores a lo normal en gran parte de las zonas terrestres del planeta.

En Centroamérica, la preocupación se concentra especialmente en la seguridad alimentaria. El fortalecimiento de El Niño amenaza con deteriorar las condiciones en Honduras, Guatemala y El Salvador, donde las alteraciones de las lluvias pueden afectar cultivos en un contexto donde también pesan los costos de alimentos, combustibles y fertilizantes.

En Indonesia ocurre prácticamente el escenario contrario al que podría observarse durante el invierno en algunas regiones mexicanas: el periodo seco se ha prolongado, los incendios forestales alcanzaron su mayor intensidad en 11 años y la temporada húmeda llegará más tarde de lo esperado. Productores de cacao, arroz, azúcar y aceite de palma enfrentan ya consecuencias y riesgos para las siguientes cosechas.

El contraste permite entender que El Niño no constituye un único tipo de desastre global. Es una alteración del sistema climático capaz de desplazar lluvia y calor de unas regiones hacia otras.

Los alimentos también entran en la ecuación

Las consecuencias de un episodio muy fuerte pueden terminar trasladándose desde la meteorología hacia la economía.

Sequías prolongadas pueden reducir cosechas, mientras que precipitaciones excesivas pueden inundar campos, dificultar la recolección o favorecer enfermedades agrícolas.

Productos tropicales como cacao y café se encuentran entre los cultivos expuestos a estas alteraciones. Reuters reportó en agosto que un El Niño muy fuerte suponía riesgos importantes para distintas materias primas agrícolas, incluyendo posibles afectaciones al cacao y al café robusta por cambios en las precipitaciones.

La dimensión económica importa porque un fenómeno climático ocurrido a miles de kilómetros puede terminar reflejándose en precios internacionales, cadenas de suministro y disponibilidad de determinados alimentos.

El calentamiento global añade otra capa de riesgo

El Niño no es producto del cambio climático. Es un fenómeno natural que ha ocurrido durante siglos y aparece de manera irregular, generalmente en ciclos de entre dos y siete años.

Eso no significa que ambos procesos estén desconectados.

El fenómeno actual ocurre sobre un planeta y unos océanos que ya presentan temperaturas elevadas. La OMM advierte que un episodio muy fuerte puede alterar considerablemente las temperaturas y precipitaciones mundiales, mientras especialistas del organismo han señalado que después de eventos de El Niño suele observarse un impulso temporal adicional en la temperatura global.

La interacción entre variabilidad natural y calentamiento de largo plazo eleva la importancia de los sistemas de prevención, especialmente frente a olas de calor, disponibilidad de agua, producción agrícola e inundaciones.

Lectura de fondo

El verdadero riesgo de El Niño no está en un récord, sino en la capacidad de anticipar sus consecuencias

La posibilidad de que El Niño 2026-2027 alcance una intensidad excepcional naturalmente concentra la atención en comparaciones históricas. Pero determinar si finalmente ocupa el primer, segundo o tercer lugar entre los episodios registrados será menos importante para la población que entender qué significa en términos de agua, agricultura, temperaturas y fenómenos extremos.

El Niño no funciona como una tormenta cuya trayectoria pueda seguirse sobre un mapa. Es una alteración de gran escala del océano y la atmósfera que modifica probabilidades durante meses y cuyos efectos pueden manifestarse de formas diferentes e incluso opuestas.

Para México, esto significa evitar dos conclusiones simplistas: El Niño no implica automáticamente sequía en todo el territorio, pero tampoco significa lluvias generalizadas. Septiembre puede presentar déficits de precipitación y, pocos meses después, el mismo fenómeno puede contribuir a condiciones más húmedas en partes del norte y centro del país.

El periodo que viene será especialmente importante. Las previsiones sitúan el máximo fortalecimiento hacia finales de 2026, precisamente cuando México entrará de lleno en la temporada de frentes fríos y aumentará la interacción entre masas de aire, humedad y sistemas invernales.

La agricultura, las ciudades y los sistemas de abastecimiento de agua tendrán que prepararse no solamente para un escenario de escasez, sino también para el extremo contrario: lluvias concentradas capaces de generar inundaciones sin necesariamente resolver déficits acumulados de agua.

El mensaje más relevante de las previsiones actuales no es que una catástrofe sea inevitable. Es que existe una señal climática excepcionalmente fuerte con varios meses de anticipación. Y precisamente esa anticipación representa la principal oportunidad para reducir sus consecuencias.