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Una colonia de hormigas puede parecer dirigida por alguien.
Miles o incluso millones de individuos salen a buscar alimento, defienden el nido, cuidan a las crías, eliminan residuos y construyen complejas redes de túneles. Cuando aparece una fuente de comida, pueden organizar rápidamente rutas para explotarla. Cuando el nido es amenazado, la colonia responde.
Sin embargo, no existe una hormiga que supervise todas esas actividades.
Ni siquiera la reina desempeña ese papel. Su función principal es reproductiva: produce huevos, pero no gobierna a las obreras ni les asigna tareas.
La coordinación surge de otra manera.
Cada hormiga responde a señales locales relativamente simples. Al repetirse esas interacciones entre miles de individuos, aparece un comportamiento colectivo mucho más complejo que las decisiones de cualquiera de ellos.
La colonia funciona sin conocer un plan completo.
La reina no gobierna
El nombre puede resultar engañoso.
Cuando hablamos de una reina, trasladamos al mundo de los insectos una palabra tomada de las jerarquías humanas. Eso puede sugerir que ocupa una posición semejante a la de una monarca.
Biológicamente, su papel es diferente.
En muchas especies, la reina es la principal hembra reproductora de la colonia. Puede vivir durante años y producir enormes cantidades de descendientes.
Pero no organiza patrullas, no indica dónde buscar alimento y no ordena a las obreras construir una nueva cámara.
La colonia carece de un centro de mando comparable al de muchas organizaciones humanas.
La coordinación está distribuida.
Miles de decisiones pequeñas
Una hormiga individual posee información limitada.
No conoce el tamaño exacto de toda la colonia ni puede observar simultáneamente lo que ocurre en cada parte del nido.
Lo que sí puede hacer es responder a su entorno inmediato.
Puede encontrar otra hormiga, detectar una sustancia química, descubrir alimento, percibir una vibración o encontrar una zona del nido que necesita atención.
Cada encuentro modifica ligeramente su comportamiento.
Una obrera puede comenzar una tarea, abandonar otra o seguir una ruta dependiendo de las señales que encuentra.
La colonia no necesita que cada individuo comprenda el sistema completo.
Necesita que muchos individuos respondan adecuadamente a pequeñas cantidades de información.
Los mensajes químicos que organizan caminos
Una de las herramientas fundamentales de comunicación son las feromonas.
Estas sustancias químicas pueden transmitir diferentes tipos de información.
En muchas especies, cuando una obrera encuentra alimento puede dejar un rastro químico mientras regresa al nido. Otras hormigas detectan esa señal y tienen mayor probabilidad de seguir el mismo camino.
Si encuentran alimento y regresan dejando más feromonas, la ruta se refuerza.
Cada hormiga está tomando una decisión local.
Pero el resultado colectivo puede ser una fila organizada que conecta el nido con una fuente de alimento.
Nadie diseñó la fila.
La ruta apareció a partir de muchas decisiones semejantes.
Una señal puede desaparecer
El sistema funciona también porque las feromonas no permanecen indefinidamente.
Los rastros químicos se degradan y evaporan.
Si una ruta deja de conducir a una fuente útil, cada vez menos hormigas la refuerzan. Con el tiempo, la señal pierde intensidad y la colonia puede abandonar ese camino.
Esto proporciona flexibilidad.
Una carretera humana permanece aunque nadie la utilice. Una ruta química puede desaparecer cuando deja de ser relevante.
La colonia modifica continuamente su mapa.
Las hormigas no necesitan reunirse para decidir que una ruta ha dejado de funcionar.
Simplemente dejan de reforzarla.
Cómo encuentran rutas eficientes sin conocer el mapa
Este comportamiento produce un efecto particularmente interesante.
Imaginemos que existen dos caminos entre un nido y una fuente de alimento.
Por casualidad, algunas hormigas recorren ambos. Las que utilizan el camino más corto pueden completar el viaje más rápidamente y regresar antes.
Eso significa que esa ruta recibe nuevas deposiciones de feromonas con mayor frecuencia.
La señal se vuelve más intensa.
Más hormigas comienzan a seguirla.
Mediante un proceso de retroalimentación, la colonia puede terminar concentrando el tránsito en una ruta eficiente sin que ninguna hormiga haya comparado conscientemente todas las alternativas.
El comportamiento colectivo encuentra una solución que ningún individuo tuvo que calcular.
El contacto también transmite información
Las feromonas no son el único sistema de comunicación.
Las hormigas se encuentran constantemente unas con otras y pueden intercambiar información mediante contacto físico, vibraciones y señales químicas.
En algunas especies también existe la trofalaxia, un intercambio de alimento líquido entre individuos.
Ese intercambio puede transportar nutrientes, pero también sustancias químicas relacionadas con el estado de la colonia.
Una hormiga no necesita recorrer todo el nido para saber que algo está cambiando.
La información puede propagarse mediante una cadena de interacciones.
La sociedad funciona como una red.
Quién hace cada trabajo
Dentro de una colonia existen diferentes tareas.
Algunas obreras cuidan huevos y larvas. Otras buscan alimento, mantienen el nido, transportan materiales o participan en su defensa.
En determinadas especies existen además diferencias físicas importantes entre obreras, con individuos especializados para algunas funciones.
Pero incluso cuando existen castas, la distribución del trabajo no depende necesariamente de órdenes centrales.
La edad, el estado fisiológico, la experiencia, las condiciones ambientales y las necesidades inmediatas de la colonia pueden influir en qué actividad realiza una hormiga.
Si aumenta la demanda de una tarea, las interacciones locales pueden hacer que más individuos comiencen a realizarla.
La organización puede ajustarse sin necesidad de un administrador.
El nido también surge de reglas simples
Algunas colonias construyen estructuras extraordinariamente complejas.
Túneles, cámaras para las crías, zonas de almacenamiento y espacios destinados a residuos pueden formar sistemas subterráneos extensos.
Sin embargo, ninguna hormiga necesita poseer una representación completa del diseño.
La construcción puede emerger mediante respuestas locales.
Una obrera deposita o retira material según las condiciones que encuentra. Ese cambio modifica el entorno para la siguiente hormiga, que responde a la nueva situación.
Este tipo de coordinación indirecta a través de modificaciones del ambiente se conoce como estigmergia.
El trabajo de una hormiga se convierte en una señal para la siguiente.
El edificio puede crecer sin arquitecto.
La colonia puede decidir mudarse
La capacidad colectiva se vuelve especialmente evidente cuando una colonia necesita encontrar un nuevo hogar.
En algunas especies, hormigas exploradoras salen en distintas direcciones y encuentran posibles lugares para establecer el nido.
Después regresan y pueden reclutar a otras obreras para inspeccionar las opciones.
Si suficientes individuos comienzan a concentrarse alrededor de una alternativa, la colonia puede alcanzar un umbral que desencadena el traslado.
No todas las hormigas necesitan visitar cada posible hogar.
Tampoco existe una reunión donde se vote formalmente.
La decisión aparece mediante acumulación de información distribuida.
La colonia puede comportarse como si hubiera comparado opciones, aunque ningún individuo haya controlado el proceso completo.
Cuando muchas hormigas parecen un solo organismo
Esta integración ha llevado a describir algunas colonias de insectos sociales como superorganismos.
La comparación no significa que una colonia sea literalmente un único animal.
Busca destacar el grado de interdependencia entre sus integrantes.
Las obreras pueden compararse funcionalmente con partes especializadas de un sistema mayor, mientras los individuos reproductores garantizan la continuidad de la colonia.
La supervivencia de una hormiga aislada y la supervivencia de la colonia no son necesariamente el mismo problema.
En muchas especies sociales, la evolución ha favorecido comportamientos cuyo significado aparece sobre todo cuando se observa al conjunto.
La unidad interesante deja de ser únicamente el individuo.
También importa la red de relaciones entre ellos.
Una sociedad que puede equivocarse
La ausencia de autoridad central no convierte automáticamente a las colonias en sistemas perfectos.
La misma retroalimentación que permite encontrar una buena fuente de alimento puede, bajo ciertas condiciones, reforzar decisiones poco eficientes.
Las señales pueden llevar a respuestas inadecuadas cuando el ambiente cambia demasiado rápido o cuando las reglas que normalmente funcionan encuentran circunstancias excepcionales.
La inteligencia colectiva tiene límites.
Eso es precisamente lo que la hace científicamente interesante.
La colonia no funciona porque cada hormiga sea extraordinariamente inteligente.
Funciona porque ciertas interacciones producen resultados útiles con suficiente frecuencia.
Lo que las hormigas inspiraron fuera de la biología
El estudio de estos sistemas ha influido incluso en campos alejados de la entomología.
En informática y matemáticas se han desarrollado métodos conocidos como algoritmos de optimización por colonia de hormigas, inspirados en la manera en que estos insectos encuentran rutas mediante señales y retroalimentación.
Estos algoritmos pueden aplicarse a ciertos problemas de búsqueda y optimización.
No reproducen literalmente una colonia real.
Extraen un principio.
Muchas unidades relativamente simples pueden explorar posibilidades y reforzar colectivamente aquellas que producen mejores resultados.
La biología se convierte así en una fuente de ideas sobre cómo resolver problemas sin controlar cada paso desde un único punto.
Lectura de fondo
La complejidad que aparece sin un director
Las hormigas desafían una intuición profundamente humana.
Cuando observamos una estructura organizada, tendemos a buscar quién la organizó.
Si existe una carretera, imaginamos un proyecto. Si hay una empresa, buscamos una dirección. Si miles de personas coordinan una actividad, suponemos algún tipo de administración.
Una colonia de hormigas muestra otra posibilidad.
El orden puede emerger.
Miles de individuos con información limitada pueden producir rutas, distribuir trabajo, construir nidos y responder a cambios mediante reglas locales, señales químicas y retroalimentación.
Ninguna hormiga necesita comprender aquello que la colonia está haciendo en conjunto.
Esto no significa que las sociedades humanas funcionen como hormigueros ni que las reglas de unos puedan trasladarse directamente a las otras. Las capacidades cognitivas, instituciones y culturas humanas pertenecen a otra escala de complejidad.
La comparación interesante está en otro lugar.
Las hormigas muestran que un sistema puede poseer propiedades que no existen en ninguno de sus componentes por separado.
Una hormiga aislada no contiene el plano completo del hormiguero.
Tampoco contiene todas las rutas que la colonia descubrirá mañana.
Esas estructuras aparecen cuando muchos individuos interactúan.
La inteligencia, en ciertos sistemas biológicos, no siempre está concentrada en una cabeza.
A veces está distribuida entre miles de encuentros.

