31 agosto, 2026
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Cómo cambió la teoría de la evolución desde Lamarck hasta Darwin

La idea de que las especies siempre habían existido tal como las conocemos parecía incuestionable durante gran parte de la historia. La naturaleza era vista como un sistema fijo, donde cada organismo ocupaba un lugar permanente. Sin embargo, entre finales del siglo XVIII y el siglo XIX, algunos naturalistas comenzaron a plantear una posibilidad radical: las especies podían cambiar con el tiempo.

Esa transformación en la manera de entender la vida no ocurrió de un día para otro. Fue el resultado de décadas de observaciones, debates y nuevas evidencias que modificaron profundamente la biología. Entre los protagonistas de ese cambio destacan Jean-Baptiste Lamarck y Charles Darwin, cuyas ideas marcaron momentos distintos en la construcción de la teoría evolutiva.

La evolución no nació como una respuesta definitiva. Comenzó como una pregunta sobre el origen de la diversidad de la vida.

Cuando las especies dejaron de ser inmutables

A comienzos del siglo XIX, Lamarck propuso una de las primeras teorías completas sobre la transformación de las especies. En una época en la que predominaba la idea de que los organismos eran invariables, sostuvo que los seres vivos podían modificarse gradualmente para adaptarse a su entorno.

Su propuesta representó un cambio importante porque colocó la evolución en el centro de la discusión científica. Aunque muchos de sus mecanismos serían cuestionados posteriormente, abrió un camino que otros investigadores continuarían explorando.

El mayor aporte de Lamarck fue atreverse a imaginar una naturaleza en constante cambio.

La herencia según Lamarck

Lamarck planteó que los organismos desarrollaban o reducían ciertas características mediante el uso o el desuso de sus órganos y que esos cambios podían heredarse a la siguiente generación.

Uno de los ejemplos más conocidos es el de las jirafas, que, según esta explicación, habrían alargado su cuello al estirarlo repetidamente para alcanzar las hojas más altas, transmitiendo ese rasgo a sus descendientes.

Hoy se sabe que este mecanismo no explica cómo ocurre la evolución biológica. Sin embargo, en su momento representó uno de los primeros intentos por ofrecer una explicación natural al cambio de las especies.

La pregunta era correcta. La respuesta aún estaba incompleta.

Darwin y una nueva explicación

Décadas más tarde, Charles Darwin desarrolló una interpretación diferente basada en años de observación, especialmente después de su viaje a bordo del HMS Beagle.

Darwin propuso que dentro de cada población existen variaciones naturales entre los individuos. Algunas de esas diferencias ofrecen ventajas para sobrevivir y reproducirse en determinados ambientes. Con el paso de muchas generaciones, esos rasgos tienden a hacerse más frecuentes.

A este proceso lo llamó selección natural.

Las especies no cambian porque lo necesiten. Cambian porque algunas variaciones logran persistir mejor que otras.

La evidencia siguió creciendo

Tras la publicación de El origen de las especies en 1859, nuevas investigaciones comenzaron a reforzar y ampliar la teoría evolutiva.

A principios del siglo XX, el redescubrimiento de los trabajos de Gregor Mendel permitió comprender cómo se heredan los caracteres biológicos. La integración entre genética y evolución dio lugar a la llamada síntesis moderna, que explicó con mayor precisión cómo surgen las variaciones y cómo actúa la selección natural sobre ellas.

La teoría de la evolución no permaneció estática. También evolucionó.

Una explicación que continúa ampliándose

Hoy la biología incorpora conocimientos provenientes de la genética, la paleontología, la ecología, la biología molecular y otras disciplinas para comprender la evolución de los seres vivos.

Conceptos como las mutaciones, la deriva genética, el flujo génico y la selección natural forman parte de un marco mucho más amplio que el disponible en tiempos de Lamarck o Darwin.

Cada generación de científicos ha añadido nuevas piezas a una explicación que sigue construyéndose.

Lectura de fondo

La ciencia también evoluciona

La historia de Lamarck y Darwin muestra que el conocimiento científico no avanza reemplazando preguntas por respuestas definitivas, sino refinando continuamente sus explicaciones. Una teoría puede abrir un camino aunque algunos de sus planteamientos resulten incorrectos, mientras otra puede ampliar esa comprensión gracias a nuevas evidencias.

La evolución no solo explica el cambio de los seres vivos. También refleja la forma en que la propia ciencia transforma sus ideas cuando aparecen mejores observaciones y nuevos datos. Comprender ese proceso es recordar que el conocimiento no es una colección de certezas inmutables, sino una búsqueda permanente por entender mejor el mundo.