31 agosto, 2026
Lo Nuevo México y el Mundo

Irán condiciona la reapertura de Ormuz mientras disputa con Estados Unidos el control de una ruta clave para la energía mundial

El estrecho de Ormuz permanece en el centro de la confrontación entre Irán y Estados Unidos, mientras Teherán negocia con Omán un nuevo esquema para permitir parcialmente la navegación comercial y rechaza la versión del presidente Donald Trump de que las fuerzas estadounidenses ya retiraron las minas de la estratégica vía marítima.

Las conversaciones entre Irán y Omán avanzan hacia la creación de un corredor temporal para embarcaciones comerciales, aunque todavía existen versiones contradictorias sobre el nivel de acuerdo alcanzado. Mientras representantes de la Guardia Revolucionaria iraní aseguran que ya existen entendimientos sobre la administración del estrecho y los ingresos derivados de su operación, otra fuente iraní de alto nivel sostiene que las negociaciones todavía no han concluido.

La disputa tiene implicaciones que trascienden ampliamente a los países involucrados. Antes de la guerra, alrededor de una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado transitaba por Ormuz, y la interrupción de buena parte del tráfico marítimo ya ha provocado presiones sobre los precios internacionales de la energía.

Irán y Omán negocian nuevas reglas para navegar por Ormuz

Uno de los principales cambios planteados es establecer rutas específicas para el tránsito de embarcaciones comerciales.

De acuerdo con la propuesta explicada por autoridades iraníes, los barcos comerciales que ingresen al golfo Pérsico desde el golfo de Omán utilizarían completamente aguas iraníes, mientras que las embarcaciones que salgan recorrerían una ruta distribuida entre aguas de Irán y territorio marítimo omaní.

El esquema tendría inicialmente carácter temporal. Ambos países tendrían posteriormente un periodo de entre 30 y 60 días para discutir un modelo permanente para administrar el tránsito marítimo.

Omán ha expresado su expectativa de anunciar próximamente un corredor temporal acompañado de medidas destinadas a restablecer una navegación segura, aunque desde Teherán se reconoce que todavía quedan detalles pendientes antes de considerar cerrado el acuerdo.

Los buques militares quedarían fuera del nuevo esquema

La propuesta incorpora una condición particularmente sensible para Estados Unidos y otras potencias con presencia militar en la región: Irán sostiene que el acuerdo negociado con Omán no permitiría el tránsito de buques militares.

La exclusión convertiría el esquema no solamente en un mecanismo para recuperar parte de la navegación comercial, sino también en una disputa sobre quién establece las reglas de circulación dentro de uno de los pasos marítimos estratégicos del planeta.

Teherán también plantea cobrar tarifas relacionadas con navegación, seguridad y medio ambiente a las embarcaciones que utilicen el estrecho, una medida rechazada por Washington.

Teherán contradice a Trump sobre el desminado del estrecho

Otro frente de la disputa gira alrededor de las condiciones reales de seguridad en Ormuz.

Trump aseguró que las fuerzas militares estadounidenses retiraron o detonaron las minas ubicadas en aguas internacionales y advirtió que cualquier embarcación iraní que intente colocar nuevos explosivos sería destruida.

Irán rechazó esa versión. El viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, cuestionó que el estrecho pueda considerarse desminado mientras los buques continúan sin transitar normalmente por la zona y calificó la afirmación estadounidense como una estrategia propagandística.

La confrontación sobre el desminado refleja una batalla paralela por controlar la narrativa de lo que ocurre en la vía marítima: Washington busca demostrar capacidad para garantizar la navegación, mientras Teherán sostiene que mantiene herramientas suficientes para condicionar su reapertura.

Irán pone condiciones para permitir nuevamente el tránsito

Teherán sostiene que una apertura plena no ocurrirá únicamente mediante un acuerdo marítimo con Omán.

Entre sus exigencias aparecen el fin de la guerra en todos los frentes, el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre puertos y embarcaciones iraníes, la eliminación de sanciones y el pago de indemnizaciones.

Estas condiciones estaban relacionadas con un acuerdo provisional de alto al fuego alcanzado en junio que finalmente no logró consolidarse.

Irán ha advertido que, mientras Washington no acepte sus condiciones, Ormuz permanecerá cerrado. La posición convierte el control de la navegación en una herramienta de negociación dentro de un conflicto mucho más amplio.

Estados Unidos aumenta la presión sobre Omán

El papel de Omán añade otro componente de tensión.

El país mantiene negociaciones directas con Irán para recuperar parcialmente el tránsito marítimo, pero simultáneamente enfrenta presión estadounidense para no avanzar en condiciones que Washington considera contrarias a sus intereses.

Trump llegó a amenazar públicamente a Omán con una acción militar si el país interfería en la estrategia estadounidense frente a Irán. Por su parte, la Guardia Revolucionaria acusó a Washington de obstaculizar las conversaciones entre Teherán y Mascate y responsabilizó esa presión por los retrasos para alcanzar un acuerdo definitivo.

Esto coloca a Omán en una posición especialmente compleja: intenta facilitar una salida práctica para recuperar la navegación mientras se encuentra entre las exigencias de Irán y la presión militar y diplomática estadounidense.

La crisis ya tiene consecuencias más allá del estrecho

Los efectos de la guerra y de la interrupción de Ormuz comienzan a reflejarse también en otras actividades económicas de Medio Oriente.

El Aeropuerto Internacional de Dubái registró 13 millones de pasajeros durante el segundo trimestre de 2026 y alrededor de 31.5 millones durante la primera mitad del año. Esta última cifra representó una disminución de 31.3 por ciento frente al mismo periodo del año anterior, en un contexto marcado por las alteraciones de los viajes aéreos provocadas por la guerra.

Al mismo tiempo, otros actores regionales buscan abrir espacios diplomáticos. El primer ministro de Qatar tiene previsto mantener conversaciones en Teherán enfocadas en reducir las tensiones, recuperar condiciones para el diálogo y abordar la libertad de navegación en Ormuz.

Lectura de fondo

Ormuz se convierte en una batalla por definir quién controla las reglas del comercio energético

La disputa por el estrecho de Ormuz ya no consiste únicamente en determinar cuándo volverán a circular normalmente los barcos. En el fondo existe una competencia sobre quién tendrá capacidad para establecer las condiciones bajo las cuales funcionará una de las rutas energéticas más importantes del planeta.

Irán intenta transformar su posición geográfica en capacidad de negociación. Permitir el tránsito comercial, excluir embarcaciones militares, participar en la administración de las rutas y cobrar determinadas tarifas permitiría a Teherán convertir el control del estrecho en una herramienta económica y geopolítica.

Estados Unidos enfrenta el dilema contrario. Aceptar un esquema definido principalmente por Irán y Omán podría implicar reconocer una mayor capacidad de Teherán para condicionar la navegación; impedirlo prolongaría una crisis que ya está afectando los mercados energéticos y otras actividades económicas regionales.

Omán aparece entonces como un actor fundamental. Su participación ofrece una posible vía para recuperar gradualmente el tránsito sin esperar a la resolución completa de la guerra, pero también lo expone directamente a la confrontación entre Washington y Teherán.

La reapertura de Ormuz podría reducir parte de la presión económica inmediata, pero difícilmente resolvería la disputa central. Mientras Irán y Estados Unidos continúen considerando el estrecho como una herramienta de presión estratégica, cada barco que vuelva a atravesarlo será también parte de una negociación mucho mayor sobre poder, seguridad y energía en Medio Oriente.