Imagen – UNAM, Fernando Paleta, Pexels
El proceso de ingreso a licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México atraviesa una situación extraordinaria después de que resultados inusuales en su primer examen de admisión realizado a distancia llevaran a la institución a establecer una prueba de control para decenas de miles de aspirantes.
La controversia comenzó tras detectarse una cantidad atípica de puntuaciones altas en el concurso de selección realizado mediante una plataforma externa. Ante esta situación, la UNAM decidió aplicar un nuevo examen de control a quienes obtuvieron resultados aprobatorios, una medida que posteriormente provocó inconformidades y recursos legales por parte de algunos participantes.
Sin embargo, el episodio ha abierto una discusión que trasciende las fallas de vigilancia digital. Especialistas consultados sobre el caso consideran que la controversia expone dos problemas de
mayor alcance: las limitaciones de utilizar tecnología para supervisar evaluaciones a distancia y la insuficiencia de espacios disponibles frente a la enorme demanda de educación superior pública en México.
Casi 59 mil aspirantes deberán presentar una prueba de control
La UNAM contempla aplicar el examen de control a 58 mil 783 personas, quienes serán distribuidas en cuatro sedes ubicadas en Baja California, Ciudad de México, Guanajuato y Oaxaca.
Para quienes realizarán la evaluación en la capital del país, el Palacio de los Deportes fue establecido como una de las sedes. Los aspirantes pueden consultar individualmente los datos correspondientes a su cita, incluyendo lugar, fecha, horario, documentación requerida y ubicación.
La aplicación de esta prueba surgió a partir de una recomendación de un comité técnico de especialistas convocado por el rector Leonardo Lomelí Vanegas para analizar lo ocurrido durante el proceso de selección.
La inteligencia artificial no garantiza una evaluación invulnerable
Uno de los principales cuestionamientos derivados del episodio se encuentra en la capacidad de los sistemas tecnológicos para garantizar la integridad de un examen realizado a distancia.
Especialistas en inteligencia artificial advierten que incluso los programas de vigilancia más avanzados pueden ser vulnerados mediante otras herramientas tecnológicas o estrategias diseñadas para evadir sus controles.
Desde esta perspectiva, el problema no necesariamente estaría en realizar exámenes en línea. Este modelo puede ampliar el número de participantes, disminuir costos y hacer más eficientes algunos procesos, pero confiar en que una plataforma tecnológica resulta imposible de vulnerar representa una debilidad del sistema.
La controversia también ha generado cuestionamientos sobre el propio diseño de las evaluaciones. Una de las propuestas planteadas es reducir el peso de preguntas basadas en información que puede encontrarse fácilmente mediante internet o herramientas digitales y avanzar hacia mecanismos capaces de evaluar razonamiento, pensamiento crítico, creatividad y resolución de problemas.
Los primeros amparos contra la reposición son desechados
La decisión de realizar una prueba adicional también llegó a los tribunales.
Juzgados federales en materia administrativa comenzaron a desechar los primeros amparos promovidos contra la reposición del examen y, en determinados casos, contra la negativa de proporcionar individualmente los resultados de las pruebas realizadas.
Los juzgados cuarto, sexto y décimo de distrito en materia administrativa de la Ciudad de México determinaron la improcedencia de distintos recursos. Entre los argumentos utilizados se encuentra que los actos reclamados no afectaban los intereses jurídicos o legítimos de los promoventes en los términos requeridos para recurrir al amparo.
Estas determinaciones representan los primeros resultados judiciales de una controversia que surgió alrededor de un proceso de admisión ya marcado por cuestionamientos tecnológicos y académicos.
Más de 158 mil aspirantes frente a poco menos de 22 mil lugares por concurso
Detrás de la discusión sobre inteligencia artificial existe una diferencia considerable entre el número de personas que buscan ingresar y los espacios disponibles.
En 2026 presentaron el examen de ingreso a licenciatura 158 mil 712 aspirantes. De ese universo serán admitidas 21 mil 962 personas mediante concurso de selección, a quienes se agregarán 28 mil 151 estudiantes que ingresarán mediante pase reglamentado.
Especialistas en educación superior advierten que esta diferencia obliga a observar el episodio desde una perspectiva más amplia. La competencia por ingresar a la UNAM no responde únicamente al desempeño individual de los aspirantes, sino también a una oferta de espacios considerablemente menor que la demanda existente.
La problemática tampoco estaría limitada a la UNAM o a la zona metropolitana de la Ciudad de México. La falta de cobertura alcanza a universidades públicas estatales y forma parte de un desafío nacional para ampliar el acceso a estudios superiores.
¿Es momento de replantear los exámenes de admisión?
La controversia también abrió la discusión sobre alternativas a los procesos tradicionales de selección.
Entre los modelos señalados se encuentran convenios para facilitar el ingreso de estudiantes con promedios elevados y cursos propedéuticos como mecanismos complementarios o alternativos. Instituciones como la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Pedagógica Nacional ya han explorado esquemas de este tipo.
Otro aspecto planteado es la existencia de diferencias en las posibilidades de ingreso relacionadas con factores socioeconómicos y educativos. De acuerdo con uno de los especialistas consultados, los procesos actuales presentan desigualdades asociadas con género, tipo de bachillerato y nivel educativo de las familias, lo que refuerza la discusión sobre la necesidad de revisar los mecanismos de selección.
Lectura de fondo
El verdadero problema puede estar más allá de la inteligencia artificial
La controversia de la UNAM podría parecer inicialmente una historia sobre las limitaciones de utilizar inteligencia artificial para vigilar un examen. Sin embargo, los datos del proceso muestran una tensión mucho más profunda: decenas de miles de jóvenes compiten por una cantidad de lugares considerablemente menor a la demanda.
La tecnología puede mejorar la vigilancia, pero difícilmente resolverá por sí misma esa diferencia. Incluso un examen completamente seguro mantendría abierta la pregunta sobre cómo seleccionar a miles de estudiantes cuando las instituciones públicas no cuentan con capacidad suficiente para recibirlos.
Al mismo tiempo, la aparición de herramientas de inteligencia artificial obliga a reconsiderar qué debe medir una evaluación académica. Si una respuesta puede obtenerse inmediatamente mediante una computadora, evaluar únicamente la capacidad de recordar información puede perder relevancia frente a habilidades como interpretar, relacionar conocimientos, resolver problemas y construir argumentos.
El episodio puede convertirse así en una oportunidad para discutir simultáneamente tres asuntos que hasta ahora suelen abordarse por separado: cómo utilizar la tecnología en las evaluaciones, qué capacidades deben medirse para ingresar a la universidad y cuánto necesita crecer el sistema público de educación superior para responder a la demanda existente.

