17 enero, 2026
Lo Nuevo México y el Mundo

Trump declara “cerrado” el espacio aéreo de Venezuela en un nuevo episodio de tensión hemisférica

Imagen – Cielo cerrado

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, elevó este sábado el tono de la confrontación con el gobierno de Nicolás Maduro al anunciar que el espacio aéreo “sobre y alrededor de Venezuela” debe considerarse completamente cerrado. El mensaje, difundido en redes sociales y dirigido a aerolíneas, pilotos y a grupos vinculados al tráfico ilícito, se suma a una serie de declaraciones y acciones militares estadounidenses en el Caribe que han intensificado el clima de incertidumbre en la región.

Aunque la Casa Blanca carece de autoridad para ordenar el cierre de un espacio aéreo extranjero, las advertencias de Washington suelen tener efectos indirectos: líneas aéreas internacionales ajustan rutas por precaución y gobiernos aliados reconsideran operaciones en zonas señaladas como de riesgo.

La publicación ocurre en un contexto marcado por operativos militares estadounidenses en el mar Caribe contra embarcaciones presuntamente relacionadas con narcotráfico, los cuales han dejado decenas de muertos desde septiembre. Paralelamente, la administración estadounidense ha designado al llamado “Cártel de los Soles” como organización terrorista, reforzando la narrativa de que el gobierno venezolano estaría involucrado en actividades criminales transnacionales.

El gobierno de Maduro rechazó el anuncio, calificándolo de una forma de injerencia incompatible con el derecho internacional y reafirmando que ninguna autoridad extranjera puede influir en el uso del espacio aéreo venezolano. Hasta este sábado, algunas aerolíneas aún mantenían rutas que sobrevuelan el país, mientras que Estados Unidos continuaba con vuelos de deportación hacia Caracas.

Escalada militar y señales diplomáticas simultáneas

El cierre simbólico del espacio aéreo se produce mientras Estados Unidos despliega su presencia militar más amplia en el Caribe en décadas, incluyendo un portaaviones de última generación y unidades especializadas en operaciones antidrogas.

Trump insinuó recientemente que las acciones podrían expandirse “pronto” hacia objetivos en tierra, lo que sería un giro decisivo en la estrategia estadounidense. Las agencias de seguridad —según versiones de medios estadounidenses— han identificado instalaciones presuntamente asociadas a redes de narcotráfico en territorio venezolano y colombiano que podrían formar parte de los planes de ataque.

Pese al incremento de la presión militar, también se han registrado contactos entre ambos gobiernos. La semana pasada Trump mantuvo una llamada telefónica con Nicolás Maduro donde discutieron la posibilidad de una reunión en Estados Unidos, un gesto que introduce un matiz diplomático en medio de la tensión. Funcionarios estadounidenses confirmaron que en esa llamada participaron altos asesores de seguridad nacional.

Reacciones en la región: entre el apoyo y la preocupación

En Colombia, el expresidente Álvaro Uribe expresó respaldo a cualquier medida que permita restituir lo que considera el resultado legítimo de las elecciones venezolanas de 2025. Según su postura, Maduro gobierna como “usurpador”, por lo que ve con buenos ojos una intervención que facilite una transición democrática.

Aun así, Uribe reconoció los riesgos asociados a operaciones militares en un territorio con presencia de grupos criminales y advirtió que una escalada podría afectar a Colombia, especialmente por la economía informal vinculada al tráfico de drogas.

Mientras tanto, analistas de seguridad y especialistas en derecho internacional han advertido que una acción militar sin autorización multilateral podría violar la Carta de las Naciones Unidas. También destacan que Venezuela, pese a ser un corredor del narcotráfico, no es un punto principal en el flujo de drogas hacia Estados Unidos, donde el fentanilo producido en México representa el mayor desafío actual.

Lectura de fondo

El cierre simbólico del espacio aéreo como herramienta de presión política

La decisión de Trump debe interpretarse menos como una orden práctica —sin efectos jurídicos sobre Venezuela— y más como un mensaje político. En un momento en que Estados Unidos combina presencia militar, declaraciones agresivas y contactos diplomáticos, este tipo de comunicados funciona como un instrumento de presión que busca moldear la percepción internacional del conflicto venezolano.

Al mismo tiempo, la ambigüedad calculada entre la amenaza y la apertura al diálogo permite a Washington mantener múltiples rutas de acción: desde operaciones dirigidas hasta negociaciones con objetivos políticos específicos. Para la región, el anuncio evidencia cómo el conflicto venezolano sigue siendo un foco de tensión hemisférica donde convergen intereses militares, humanitarios y geopolíticos.

La pregunta de fondo es si estas señales forman parte de una estrategia integral de negociación o si anticipan una escalada con consecuencias regionales. En cualquier caso, el mensaje del cierre del espacio aéreo marca un nuevo capítulo en la compleja relación entre Estados Unidos y Venezuela, en un escenario donde la presión militar se combina con posibilidades —aún inciertas— de diálogo político.