17 enero, 2026
Educación y Ciencia Lo Nuevo

Los árboles que se comunican bajo tierra y la red secreta del bosque

Los árboles que se comunican bajo tierra y la red secreta del bosque

 

A simple vista, un bosque parece un conjunto de árboles independientes: troncos aislados, cada uno luchando por luz, agua y espacio. Pero bajo el suelo ocurre otra historia, una que durante décadas pasó desapercibida y que hoy está transformando por completo la forma en que entendemos la vida vegetal.

Allí, en la oscuridad húmeda bajo la hojarasca, existe una red inmensa y silenciosa por donde viajan nutrientes, señales químicas e incluso advertencias. Los científicos la han llamado, con cierta ironía digital, la “Wood Wide Web”: una red subterránea tejida por hongos microscópicos que conecta raíz con raíz, árbol con árbol, bosque con bosque.

El descubrimiento que cambió la botánica

Durante muchos años, se pensó que los árboles eran organismos esencialmente solitarios. Pero investigaciones del último par de décadas mostraron algo sorprendente: la mayoría de las plantas terrestres están unidas por hongos llamados micorrizas, que actúan como intermediarios entre especies vegetales.

Estos hongos funcionan como cables biológicos que crecen alrededor de las raíces, envuelven sus puntas más finas y se extienden por el suelo en estructuras que pueden abarcar decenas de metros. No son un acompañante menor: sin ellos, más del 90% de las plantas simplemente no podrían sobrevivir.

Lo que comenzó como una relación de intercambio —nutrientes a cambio de azúcares— resultó ser un sistema de comunicación sofisticado.

¿Cómo “hablan” los árboles?

Aunque no poseen neuronas ni impulsos eléctricos como los animales, los árboles sí transmiten información mediante señales químicas, compuestos orgánicos volátiles y flujos de nutrientes modulados a través de la red micorrízica. Esta forma de comunicación vegetal opera en varias capas:

  • Advertencias de peligro: cuando un árbol es atacado por insectos, puede enviar señales químicas que activan defensas en sus vecinos antes de que sean alcanzados.
  • Distribución de recursos: los árboles más grandes pueden enviar nutrientes hacia árboles jóvenes o debilitados del mismo bosque.
  • Reconocimiento entre familiares: en algunas especies, las raíces transmiten recursos preferencialmente a individuos genéticamente relacionados.
  • Equilibrio comunitario: las micorrizas pueden redistribuir nitrógeno, fósforo y agua en respuesta a la falta o exceso local.

Nada de esto implica “intenciones” humanas, pero sí un nivel de coordinación ecológica que resulta asombroso.

Micorrizas: el sistema circulatorio del bosque

Las micorrizas no solo transmiten señales: son la autopista logística del ecosistema. Los hongos absorben agua y minerales del suelo con una eficiencia que las raíces solas nunca lograrían. A cambio, los árboles los alimentan con carbohidratos producidos durante la fotosíntesis.

Este intercambio crea un sistema donde:

  • Los árboles bien iluminados pueden ayudar a los que viven en sombra permanente.
  • Los bosques mixtos —coníferas y frondosas juntas— pueden sostenerse mutuamente.
  • Los suelos pobres pueden transformarse en suelos fértiles gracias a la cooperación entre hongos y raíces.

En algunas zonas templadas, se ha documentado que un solo hongo puede enlazar decenas de árboles, creando auténticas “ciudades” subterráneas.

¿Comunicación o supervivencia cooperativa?

Aunque los titulares suelen hablar de “árboles que hablan”, los científicos prefieren describirlo como procesos adaptativos compartidos. El intercambio de información no es consciente, pero sí altamente funcional.

Cada señal química implica un ajuste biológico: producir más compuestos defensivos, reforzar paredes celulares, redirigir energía, acelerar o frenar crecimiento. Estas reacciones mantienen la salud del bosque y permiten que los árboles sobrevivan como comunidad, no como individuos aislados.

Este enfoque ha cambiado la manera en que se maneja la conservación: proteger un bosque ya no es solo salvar árboles, sino proteger la red que los sostiene.

Curiosidades del mundo subterráneo del bosque

  • Un árbol puede “alimentar” a un tocón muerto durante décadas si la red micorrízica sigue activa.
  • Algunas especies de abedules y pinos intercambian carbono dependiendo de la temporada.
  • Cuando un árbol “madre” es talado, la pérdida puede desestabilizar toda la red, afectando incluso a árboles a metros de distancia.
  • Existen hongos que enlazan plantas de especies muy distintas, creando conexiones insospechadas entre arbustos, herbáceas y gigantes del bosque.

Lectura de fondo

Cooperación, no competencia: un cambio cultural sobre la naturaleza

Durante siglos, la biología popular imaginó la naturaleza como un escenario de pelea constante: la lucha por la supervivencia, la competencia feroz, la selección cruda. La “Wood Wide Web” obliga a matizar esa visión.

Los bosques no son solo espacios donde árboles compiten por luz; también son redes de cooperación compleja, donde la supervivencia depende de equilibrios compartidos. Esta perspectiva no romantiza a la naturaleza, pero sí la muestra como un sistema sofisticado en el que la colaboración es tan esencial como la competencia.

Comprender esta red invisible también ilumina una idea más profunda: que la vida, incluso cuando parece silenciosa e inmóvil, está en constante diálogo con su entorno. Y que los árboles, aunque no hablen como nosotros, sí participan en un intercambio continuo que sostiene la estabilidad del planeta.