17 enero, 2026
Lo Nuevo México y el Mundo

Japón eleva el tono frente a China en medio de maniobras militares y tensiones por Taiwán

Imagen – Tokyo,  Aleksandar Pasaric, Pexels

 

Japón comenzó la semana con un inusual endurecimiento en su discurso y postura militar hacia China, un giro que ha sorprendido tanto a su ciudadanía como a la comunidad internacional. Las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi, acompañadas por el inicio de maniobras marítimas multinacionales, reavivan el debate sobre el papel pacifista que Japón ha mantenido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Un choque diplomático que escala con rapidez

La tensión aumentó cuando Takaichi respondió en el Parlamento que un eventual ataque chino contra Taiwán podría activar el marco legal que permitiría a Japón intervenir militarmente para proteger su propia “supervivencia”. Aunque técnicamente se trató de una interpretación dentro del lenguaje permitido por la ley japonesa, la reacción de China fue inmediata: protestas diplomáticas, advertencias de viaje para sus ciudadanos y un enfriamiento visible en las relaciones bilaterales.

El impacto económico tampoco tardó. Cientos de miles de vuelos reservados por turistas chinos fueron cancelados, un golpe sensible para Japón en un contexto de estancamiento económico y debilidad del consumo interno.

Pacific Shield 25: maniobras en un momento delicado

Mientras el clima se tensaba, Japón puso en marcha las maniobras marítimas Pacific Shield 25, realizadas junto a Estados Unidos, Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Singapur. Los ejercicios buscan mejorar la capacidad conjunta para prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva y reforzar la cooperación en seguridad marítima.

Tokio ha insistido en que estos ejercicios no están dirigidos específicamente contra ningún país, pero su inicio coincide con un incidente ocurrido ese mismo día: la Guardia Costera china afirmó haber expulsado un barco pesquero japonés cerca de las islas Diaoyu/Senkaku, territorio administrado por Japón y reclamado por China y Taiwán.

El episodio reactivó la disputa territorial sobre un pequeño archipiélago cuyo valor geopolítico y energético ha sido motivo de fricciones recurrentes durante años.

El dilema interno: pacifismo social vs. presión geopolítica

Aunque la escalada parece alinearse con las posiciones más duras del ala conservadora japonesa, los analistas advierten que no refleja necesariamente un giro militarista amplio. La primera ministra Takaichi llegó al cargo tras la renuncia de su antecesor, sin una elección directa que legitime un cambio profundo. Las encuestas revelan que la población sigue priorizando la recuperación económica antes que una expansión del rol militar.

Además, dentro del propio gobierno existen dudas sobre impulsar reformas constitucionales que modifiquen la renuncia formal a la guerra inscrita en el artículo 9. Las resistencias provienen tanto del electorado como de sectores políticos que temen que una postura más agresiva pueda dañar la estabilidad regional.

Trump interviene para bajar el tono

En este contexto, incluso Estados Unidos buscó matizar el discurso. El presidente Donald Trump pidió públicamente a Takaichi reducir la retórica ante China, preocupado por un incremento innecesario de tensiones en torno a Taiwán.

El gesto es significativo: aunque EE.UU. ha reforzado su presencia militar en la región y mantiene una postura firme sobre la seguridad en el Pacífico, la administración estadounidense también evalúa costos políticos, económicos y operativos ante un posible conflicto directo con China.

Lectura de fondo

Japón entre dos eras: el peso del pasado y las demandas del presente

El episodio revela una fractura latente en Japón: entre su identidad pacifista, nacida del trauma de la guerra y codificada en su Constitución, y las nuevas presiones estratégicas de un entorno geopolítico más incierto. China se ha convertido en una potencia cada vez más asertiva en el mar y en la región; Taiwán es un punto crítico cuya estabilidad preocupa tanto a Washington como a Tokio; y la economía japonesa sigue bajo tensión después de décadas de estancamiento.

El lenguaje más duro de Takaichi podría ser interpretado como un movimiento político —hacia adentro, para consolidar su liderazgo, y hacia afuera, para demostrar compromiso con sus aliados— más que como una ruptura real con el pacifismo japonés.

Aun así, los acontecimientos recientes muestran que incluso un comentario accidental puede desencadenar roces diplomáticos, sanciones económicas y un clima de incertidumbre con su principal socio comercial. Japón camina así sobre una línea delicada: defender sus intereses sin dinamitar el equilibrio que sostiene la paz en una de las regiones más sensibles del mundo.