Imagen – Kyiv bajo incertidumbre
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, enfrenta su mayor desafío diplomático desde el inicio de su segundo mandato: intentar poner fin a la guerra en Ucrania sin fracturar su relación con Rusia ni perder el respaldo de Europa. A pesar de meses de contactos directos, reuniones al más alto nivel y la elaboración de un ambicioso plan de 28 puntos, las negociaciones siguen estancadas.
La situación se tensó aún más después de que Trump lanzara un ultimátum al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, fijando como fecha límite el próximo 27 de noviembre, Día de Acción de Gracias, para aceptar su propuesta de paz o arriesgarse a perder el apoyo estadounidense. Una decisión que ha generado preocupación en Kyiv, desconcierto entre los aliados europeos y escepticismo entre especialistas en política internacional.
Un año que prometía deshielo… y terminó en nuevas amenazas
El inicio del segundo mandato de Trump abrió una ventana de expectativa. Por primera vez desde la invasión rusa a gran escala, Washington y Moscú retomaron contactos diplomáticos directos. Trump habló varias veces por teléfono con Putin y ambos mandatarios se reunieron en agosto en Alaska.
La Casa Blanca veía en ese encuentro una oportunidad histórica para empezar a negociar un alto al fuego. Sin embargo, la cumbre terminó sin acuerdos concretos y con tensiones visibles. La prensa internacional reportó que Putin exigió la capitulación total de Ucrania en el Donbás, lo que generó molestia en la delegación estadounidense.
Días después, Estados Unidos impuso sanciones significativas a Rosneft y Lukoil. Rusia respondió con la prueba de un misil de crucero de propulsión nuclear, y Moscú y Washington insinuaron que podrían reanudar pruebas nucleares. El supuesto “deshielo” se evaporó en pocas semanas.
El enviado especial de Trump y los malentendidos que dificultan la diplomacia
Un actor central en las negociaciones ha sido Steve Witkoff, amigo cercano de Trump y enviado especial en Moscú. Su papel ha sido polémico: varios diplomáticos europeos sostienen que Witkoff ha subestimado las posturas rusas y, en ocasiones, regresó a Washington con conclusiones demasiado optimistas.
Según fuentes consultadas por medios internacionales, Witkoff ha tenido dificultades para explicar las prioridades estadounidenses y para interpretar correctamente las líneas rojas de Putin. Esto ha generado contradicciones públicas entre ambos gobiernos y ha alimentado la sensación de que los mensajes han sido confusos y poco coordinados.
Durante la cumbre en Alaska, estos problemas quedaron en evidencia: la reunión se alargó menos de lo previsto y ambas delegaciones abandonaron el recinto sin ofrecer detalles del contenido de la discusión.
El plan de paz: concesiones territoriales, garantías de seguridad y un rediseño del mapa geopolítico
Pese al estancamiento, la Casa Blanca elaboró un plan de 28 puntos que ya fue entregado a Moscú, Kyiv y las capitales europeas. Entre los elementos más polémicos destacan:
- Reconocimiento de facto de Crimea, Lugansk y Donetsk como parte de Rusia.
- Limitación del ejército ucraniano a 600 mil efectivos.
- Compromiso constitucional de que Ucrania no se unirá a la OTAN.
- Creación de una zona desmilitarizada en parte del Donbás.
- Reinserción de Rusia al G8.
- Un fondo internacional para reconstruir Ucrania con inversión estadounidense y europea.
- Levantamiento gradual de sanciones a Moscú, condicionado al cumplimiento del acuerdo.
La Casa Blanca afirma que el plan incluye también garantías de seguridad para Kyiv y una vía rápida para integrarse al mercado europeo, pero desde Ucrania se percibe como un documento que exige altos costos políticos y territoriales.
Rusia, por su parte, dijo que el plan “puede servir como base” pero insiste en demandas que Washington y Kyiv consideran inaceptables: control total del Donbás, neutralidad ucraniana estricta y reducción profunda del poder militar de Kyiv.
El ultimátum: Trump presiona a Kyiv mientras Zelenski busca alternativas
En una entrevista radiofónica, Trump confirmó que dio a Zelenski un plazo hasta el 27 de noviembre para aceptar su propuesta. Aseguró que “la guerra está fuera de control” y que Kyiv debe enfrentar la realidad de que está “perdiendo territorio”.
Las reacciones no se hicieron esperar. Zelenski reconoció públicamente que el país enfrenta una situación “extremadamente difícil”, pero afirmó que no “traicionará” a Ucrania. En su mensaje a la nación, señaló que el plan estadounidense implicaría “una vida sin libertad ni justicia” y que no aceptará concesiones que comprometan su soberanía.
A pesar del tono firme, Ucrania acordó trabajar con Estados Unidos y Europa “a nivel de asesores”, en un intento por ganar tiempo y evitar un rompimiento con Washington.
Europa interviene: apoyo a Kyiv y presión calculada sobre Washington
Los gobiernos europeos han mantenido una postura cuidadosa, expresando su respaldo a Ucrania y recordando que cualquier negociación debe incluir garantías que protejan la seguridad del continente. Para varios diplomáticos europeos, la prioridad ha sido evitar que Trump avance hacia un acuerdo bilateral con Putin que deje fuera a Kyiv y a la OTAN.
Europa ha insistido en que la guerra no puede resolverse con un simple intercambio territorial, pues para Moscú el conflicto no depende únicamente de fronteras, sino de la orientación política y militar de Ucrania.
Como dijo un diplomático europeo: “Para Putin, esto no es un acuerdo inmobiliario. Es un tema de poder y control geopolítico”.
Lectura de fondo
El estancamiento actual revela los límites de la diplomacia basada en relaciones personales y apuestas rápidas. Trump esperaba que una conexión directa con Putin facilitara negociaciones pragmáticas; sin embargo, las motivaciones del Kremlin están ancladas en objetivos estratégicos de largo plazo que no se resuelven con incentivos económicos o concesiones parciales.
La guerra se mantiene como un conflicto de soberanía, identidad nacional y equilibrio geopolítico. El plan de paz estadounidense, ambicioso pero polémico, intenta acelerar una salida; sin embargo, enfrenta las resistencias combinadas de Rusia, Ucrania y, en diversos grados, Europa.
La pregunta abierta es si el ultimátum de Trump será una herramienta de presión eficaz o si, por el contrario, profundizará el distanciamiento entre Kyiv y Washington. En cualquiera de los escenarios, el 27 de noviembre podría marcar un punto decisivo en la evolución de una guerra que ya ha reconfigurado la política internacional.


