17 enero, 2026
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El agua imposible y sus formas secretas en el universo

Imagen – Fases secretas del agua

 

Parece lo más simple del mundo: abrir la llave, ver el líquido transparente caer y dar por hecho que el agua es la sustancia más corriente que existe. Pero, en términos físicos, el agua es todo menos normal. Es una de las sustancias más extrañas que conocemos y, por si fuera poco, sigue sorprendiendo a la ciencia con comportamientos que rozan lo “imposible” bajo la lógica clásica.

Bajo presiones extremas, temperaturas ridículas y condiciones que no existen en la vida cotidiana, el agua adopta formas exóticas: hielos que flotan o se hunden, estados semisólidos que conducen electricidad como un metal, fases que solo pueden existir en el interior de planetas gigantes o en laboratorios muy sofisticados. Entender estas formas raras de H₂O no es un capricho: es clave para comprender desde el clima de la Tierra hasta el corazón de Neptuno.

El agua que se niega a comportarse “normal”

En la mayoría de los líquidos, las reglas son claras: al enfriarlos se contraen, al calentarlos se expanden, el sólido es más denso que el líquido y se hunde, y la viscosidad se comporta de manera razonablemente predecible.

El agua decide no obedecer:

  • Se expande cuando se congela, por eso el hielo flota.
  • Alcanzando su máxima densidad alrededor de los 4 °C, no a 0 °C.
  • Presenta decenas de anomalías en propiedades como la compresibilidad, el calor específico o la tensión superficial.

Detrás de estas rarezas está su estructura: cada molécula de agua puede formar puentes de hidrógeno con sus vecinas, creando redes dinámicas que se organizan y reorganizan a gran velocidad. Según la presión y la temperatura, esas redes cambian, y con ellas cambian las propiedades del agua.

Pero esto es solo el principio. Lo más extremo llega cuando entramos en el territorio de las fases exóticas.

Un catálogo de hielos extraños

En la escuela aprendemos que el agua tiene tres estados: sólido, líquido y gas. En realidad, si nos centramos solo en el sólido, se han identificado ya más de veinte formas cristalinas diferentes de hielo, cada una con una configuración distinta de las moléculas de H₂O.

Algunas de esas fases:

  • Hielos “altamente compactos” que solo existen a presiones enormes.
  • Hielos menos densos que el hielo común.
  • Estructuras ordenadas en patrones que parecerían imposibles para un cristal cotidiano.

El hielo que conocemos, el de los cubitos del congelador o la nieve, es solo una fase concreta (llamada hielo Ih) que se forma bajo las condiciones típicas de la superficie terrestre. Pero en el interior de planetas o en laboratorios de alta presión aparecen fases como el hielo II, III, V, VI, VII, y así sucesivamente, cada una con un ordenamiento distinto de las moléculas.

El caso del hielo VII, por ejemplo, es especialmente interesante: es un tipo de hielo muy denso que puede formarse a altas presiones y que se cree que existe en el interior de mundos con océanos profundos sometidos a enormes fuerzas gravitatorias. El mismo agua, con la misma fórmula química, pero en una fase que jamás veríamos a simple vista en la Tierra.

El agua “negra” del interior de los gigantes

Si nos alejamos de la Tierra y miramos hacia planetas como Urano o Neptuno, algunas simulaciones sugieren la existencia de una fase de agua que en condiciones terrestres resultaría inimaginable: un fluido caliente, comprimido, ni sólido ni líquido en el sentido clásico, posiblemente mezclado con otros compuestos, que formaría un océano exótico a gran profundidad.

Bajo esas condiciones, el agua podría adoptar estados intermedios con propiedades inusuales: alta densidad, conductividad eléctrica elevada y comportamiento más cercano al de un material “supercrítico” que al de un líquido normal. Esta zona podría actuar como una especie de capa intermedia entre la atmósfera y el núcleo, influyendo en el campo magnético y en la dinámica interna del planeta.

Aunque buena parte de lo que sabemos proviene de modelos y experimentos de laboratorio, la idea central es clara: el H₂O, sometido a presiones y temperaturas extremas, no se limita a ser “agua líquida” o “hielo”, sino que ocupa un espacio intermedio donde la distinción se vuelve borrosa.

El estado supercrítico: cuando el agua deja de ser agua

Si llevamos el agua a temperaturas y presiones suficientemente altas, alcanzamos un punto en el que ya no podemos diferenciarla en términos clásicos entre líquido y gas. En ese estado, se habla de agua supercrítica.

En esta fase:

  • No hay frontera clara entre líquido y vapor.
  • El agua tiene una densidad similar a la del líquido, pero llena el espacio como un gas.
  • Sus propiedades disolventes cambian drásticamente: puede comportarse como un disolvente orgánico en algunos contextos.

La industria aprovecha este estado en procesos como la oxidación supercrítica para destruir residuos peligrosos o en técnicas de extracción especiales. De nuevo, el mismo H₂O que bebemos puede convertirse, bajo las condiciones adecuadas, en un medio químico con comportamientos que parecerían de ciencia ficción.

El agua superiónica: medio sólido, medio líquido, casi metálica

Uno de los estados más extraños que se han propuesto y recreado en laboratorio es el agua superiónica. En esta fase, el agua se somete a presiones y temperaturas tan extremas que:

  • Los átomos de oxígeno forman una especie de red sólida, como un cristal.
  • Los protones (los núcleos de hidrógeno) se vuelven móviles y se desplazan a través de esa red.

El resultado es algo que no encaja en nuestras categorías habituales: no es un líquido normal, pero tampoco un sólido clásico. Además, se comporta como un conductor eléctrico muy eficiente, casi como un metal.

Se cree que fases de este tipo podrían existir en el interior profundo de planetas gigantes, contribuyendo a generar sus campos magnéticos peculiares. Así, el agua deja de ser solo “océano” y se convierte en parte de la maquinaria interna que define el comportamiento global de un mundo.

El agua ultraviscosa y el misterio del “doble líquido”

En condiciones de enfriamiento extremo y rápido, sin dejar que el agua cristalice en hielo, se pueden obtener estados ultraenfriados donde las moléculas siguen siendo líquidas muy por debajo de 0 °C. En este régimen aparecen comportamientos extraños, como una viscosidad enorme y cambios abruptos en densidad y estructura.

Algunos modelos plantean que, en ciertas condiciones, el agua podría comportarse como si hubiera dos líquidos distintos coexistiendo: uno más denso y ordenado, y otro más ligero y desordenado, que se transforman uno en otro de forma abrupta según la temperatura y la presión. Aunque el debate sigue abierto, estas investigaciones apuntan a que una parte de las anomalías del agua podría explicarse por esa “doble personalidad” líquida.

No se trata de magia, sino de cómo pequeñas diferencias en el modo en que se conectan las moléculas pueden generar transiciones bruscas en sus propiedades colectivas.

Por qué importa entender estas rarezas

Podría parecer que todos estos estados exóticos son curiosidades de laboratorio o de astronomía esotérica. Sin embargo, tienen implicaciones profundas:

  • Ayudan a entender el comportamiento del agua en condiciones naturales extremas, como en el interior de planetas y lunas heladas.
  • Contribuyen a mejorar modelos climáticos y geofísicos, donde el agua en condiciones no estándar juega un papel importante.
  • Abren puertas a tecnologías que usan agua supercrítica o estados especiales como medios de reacción o de transporte.
  • Obligan a refinar nuestras teorías sobre líquidos y sólidos, mostrando que la frontera entre unos y otros es menos clara de lo que sugerían los libros de texto.

Lo más llamativo es que todo esto ocurre con una molécula sencillísima: dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, organizados de maneras que siguen desafiando la intuición.

Lectura de fondo

La sustancia más cotidiana y el espejo de nuestra ignorancia

El agua ha sido, durante milenios, símbolo de pureza, transparencia y simplicidad. Pero cuanto más la estudiamos, más se convierte en un espejo de los límites de nuestra comprensión. Su comportamiento “normal” en la superficie terrestre es, en realidad, una versión muy particular de un abanico de posibilidades que se despliega en condiciones extremas.

En un mundo que tiende a asociar lo raro con lo distante, resulta incómodo reconocer que la sustancia que bebes, con la que te bañas y que cae del cielo es, en realidad, un sistema físico de complejidad extraordinaria. El agua no es solo un recurso: es un laboratorio natural en el que la física de fases, la química de enlaces y la estructura de la materia muestran sus matices más sutiles.

Tal vez la lección de estas formas exóticas de H₂O sea precisamente esa: lo que creemos conocer del todo suele ocultar capas enteras de misterio. Y a veces, para encontrar lo más extraño del universo, no hace falta mirar al espacio profundo: basta con mirar con otros ojos el vaso de agua sobre la mesa.