Imagen – Cometa Interestelar 3I ATLAS – Reconstrucción
Esta semana, un nombre se coló en timelines, programas de radio y conversaciones científicas: 3I ATLAS. Se habló de “asteroide”, de señales misteriosas y de un visitante de otra estrella. Vale la pena poner orden: 3I ATLAS no es un asteroide, es un cometa interestelar —el tercero que detectamos cruzando nuestro vecindario, después de 1I/ʻOumuamua y 2I/Borisov— y su paso está regalando una clase magistral sobre cómo nacen y cambian los mundos.
Qué es y por qué importa
3I ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema de vigilancia ATLAS en Chile. La confirmación de su naturaleza interestelar llegó de inmediato: su órbita es hiperbólica, es decir, viene de fuera del Sistema Solar y volverá a marcharse. No representa una amenaza y, de hecho, su recorrido no lo acerca a la Tierra. Es un visitante que pasa, no un problema que llega.
El momento de mayor acercamiento al Sol (perihelio) ocurrió el 30 de octubre de 2025, pasando apenas por dentro de la órbita de Marte; en los próximos meses se irá alejando. Para nosotros, el perihelio fue una oportunidad: temperaturas más altas y más radiación solar “encienden” la actividad de un cometa, liberando gases y polvo que podemos analizar a distancia.
Lo que ya aprendimos esta semana: agua y una química inesperada
Tres resultados recientes explican por qué 3I ATLAS estuvo en tendencia:
- Huellas de agua lejos del Sol. El observatorio espacial Swift detectó hidroxilo (OH) —la “sombra” ultravioleta del agua— cuando el cometa aún estaba a casi tres veces la distancia Tierra–Sol. Se estimó una pérdida de ~40 kg de agua por segundo, una tasa sorprendente para un cometa tan lejos, señal de que el objeto puede estar fragmentándose o que tiene una física de sublimación distinta a la de los cometas típicos del Sistema Solar.
- Una coma dominada por dióxido de carbono. Con el JWST, un equipo internacional detectó una coma rica en CO₂ y confirmó también vapor de agua, monóxido de carbono, hielo de agua y polvo. La relación CO₂/H₂O ≈ 8:1 está entre las más altas jamás medidas en un cometa: una pista de que 3I ATLAS se formó lejos de su estrella madre, más allá de la “línea de nieve” del CO₂, o que su núcleo tiene capas que inhiben la salida del agua.
- Níquel… y los primeros signos de cianógeno. Observaciones con el Very Large Telescope registraron emisión de Ni I (níquel atómico) y CN (cianógeno), compuestos habituales en cometas, que aquí emergen con un patrón evolutivo llamativo a grandes distancias heliocéntricas. Es otra forma de decir que, aun viniendo de otras “cocinas cósmicas”, 3I ATLAS se comporta como un cometa.
¿Cuán grande y cuán antiguo?
Estimaciones fotométricas y de imagen sugieren que el núcleo podría medir entre ~6 y 12 km de diámetro, lo que lo convertiría en el interstellar más voluminoso observado hasta ahora (el dato es preliminar y depende de cuánto brillo aporta el polvo que lo rodea). En cualquier caso, estamos ante un objeto sustancial para estándares interestelares.
Sobre su edad, varios trabajos apuntan a que 3I ATLAS podría venir del “disco grueso” de la Vía Láctea, una población de estrellas antiguas y pobres en metales. Eso implicaría edades de varios miles de millones de años, incluso más antiguo que el propio Sistema Solar, un fósil helado de condiciones de formación planetaria que no habíamos olido de cerca. Es importante subrayar que se trata de inferencia dinámica y estadística: las horquillas van, según métodos, de ~3 a >7 mil millones de años.
Rumores, desmentidos y el valor de la verificación
El ruido también contribuyó a la tendencia: circuló la historia de una “señal Fibonacci” atribuida a 3I ATLAS emitiendo a 1420 MHz —la frecuencia favorita de la radioastronomía—. No hay confirmación científica de tal señal ni registro en bases de datos de SETI; fue la amplificación de un post no verificado. Es un buen recordatorio: extraordinary claims require extraordinary evidence.
Por qué cada visitante interestelar es distinto
Si 1I/ʻOumuamua nos desconcertó por “seco” y 2I/Borisov por extremadamente rico en CO, 3I ATLAS está rompiendo el molde con agua lejana y CO₂ dominante. Esa diversidad es oro puro para astrofísicos: significa que los discos protoplanetarios de otras estrellas tienen gradientes térmicos y químicos muy variados, y que la arquitectura de esos sistemas —gigantes que expulsan cuerpos helados, estrellas que irradian más o menos— deja su firma en estos guijarros cósmicos. Con tres objetos, ya vemos tres químicas. Con diez o cincuenta, empezaremos a dibujar estadística.
¿Podíamos ir a verlo de cerca?
La respuesta corta es no: llegamos tarde. Para cuando se confirmó su naturaleza interestelar, no había forma realista de lanzar una sonda con el delta-v necesario desde la Tierra. Las agencias han sido claras: toca observar a distancia con telescopios espaciales y plataformas que ya están en ruta, y exprimir cada fotón.
Lo que viene
En su salida del Sistema Solar, 3I ATLAS seguirá bajo vigilancia de telescopios y, cuando la geometría lo permita, también de sondas y orbitadores que puedan apuntar sus instrumentos sin comprometer sus misiones principales. Su química puede evolucionar conforme cambia la iluminación solar; veremos si el agua gana terreno, si el CO₂ sigue dominando, y cómo se comporta el polvo. Cada nueva medida añade una pieza a un rompecabezas mayor: cómo se parecen y cómo difieren los “otros” sistemas planetarios del nuestro.
Lectura de fondo
Un fósil helado que nos obliga a pensar a escala galáctica
3I ATLAS condensa tres ideas poderosas. La primera: no estamos aislados; nuestro Sistema Solar es una estación de paso en una autopista de escombros estelares. La segunda: la diversidad es la norma; si con tres visitantes ya vimos tres “recetas” de cometa, el menú de la galaxia será vasto. La tercera: la ciencia necesita calma; entre rumores espectaculares y resultados medidos, conviene recordar que los grandes descubrimientos suelen llegar con espectros, curvas de luz y márgenes de error, no con mensajes cifrados y dramatismos. Este cometa no vino a asustarnos: vino a enseñarnos.


